Mesa de luz de Paola

Hace unos días escuché en un spot publicitario, una frase de genial precisión: “diciembre es el mes del IBA”. ¡Tienen razón! 
Será por eso que la velocidad –en diciembre- se impone en todas y cada una de las actividades que aún realizamos hasta ¡por fin! meter los pies en el mar o zambullirnos en la reposera. 

Todo lo que IBAmos a hacer durante el transcurso de un año, pretendemos realizarlo en los últimos quince días. ¡No podemos negar que profesamos una fuerte predilección por lo imposible!

Lo cierto es que para estas vacaciones voy a leer lo que IBA a leer durante el año y no lo leí.

Esperan entonces, medio abandonados en mi mesa de luz y deseando ocupar un lugar en el bolso playero: Marcel Proust, En busca del tiempo perdido, Robert Louis Stevenson, La isla del tesoro, Jane Austen, La abadía de Northanger y algún otro título que encuentre en las góndolas de libros de los supermercados a los que, lamentablemente, uno tiene que visitar con más asiduidad de la deseada en estos tiempos de Santa. 

¿Qué están planeando leer ustedes?

Licenciado Lapsus Linguae: La domadora del tiempo al diván


Por Mayra Nebril

Las inundaciones más graves de la historia del país habían comenzado. Treinta y tres fue el primer lugar castigado por el agua con veinte mil evacuados, el pueblo de Vergara afrontó una inmersión total al tercer día de lluvia, por lo que empezaban a llamarlo el Atlantis uruguayo. 

El Pepe había creado un comité de emergencia nacional formado por profesores de natación que daban clases en las lagunas públicas, cursos acelerados de una semana para aprender a nadar. Estilo crol, espalda y rana, tuvieron que incorporar el modo perrito para los que no le agarraban la mano ni a hacer la plancha.

El gobierno suministraba mallas, bikinis y shorts de baño, pero se agotaron a los tres días. El ministro de salud pública exhortaba a los vecinos y vecinas a cuidar su higiene personal ya que el contagio de hongos y moluscos estaba haciendo estragos en la población. Incluso Lucía, para apoyar a su marido y dar el ejemplo, había organizado una serie de nado sincronizado con María Julia y Daisy. Al ritmo de tambores que sonaban ejecutados por tres ministros, se zambulleron las tres mujeres ceñidas por sus mallas frenteamplistas en la laguna. Había que ver para creer. Formaron rosas, mariposas, la hoz y el martillo. Y para finalizar el acto, intentaron, aunque no lució bien, dibujar la cara del Che. Un esfuerzo titánico, que las dejó extenuadas pero que puso al plantel de gobierno a vivarlas de pie. 

En fin, lo que quiero que comprendan es que cuando hablo de crisis nacional, no exagero en absoluto, y ningún uruguayo que pensara tener una solución para las inundaciones, hubiera dudado en ofrecerla.
Eran las nueve de la noche del miércoles, el Licenciado Lapsus Linguae con una copa de vino y la radio encendida intentaba distenderse. Lo sacó de sus pensamientos el timbre. No esperaba a nadie. Se acercó a la puerta y encontró a una mujer.
-¿Lapsus?
-El mismo.
-Soy la Licenciada Albahaca. Fuimos compañeros en Facultad.  Nos hemos cruzado en congresos, ¿me recuerda? - Lapsus la enfocó con esmero, y la encontró vagamente familiar. – Quisiera tener una consulta con usted.
-Tiene que pedir hora, si quiere lo agendamos para la semana próxima.
-¿No podría ser ahora? No sé si podré volver a juntar valor.

Lapsus estaba sopesando el pedido, cuando el toldo del cielo se rajó y comenzó a caer agua a baldazos  
-Pase, pronto. – resolvió el Licenciado –Su rostro me es familiar. Tome asiento. Usted dirá, Licenciada Albahaca, cuál es su emergencia.
-De esta consulta entre usted y yo, depende el destino de Uruguay Licenciado, y mire que no estoy exagerando.
-Explíqueme Albahaca, ¿cómo es esto de ayudar a nuestro pueblo? 
-Leer es una pasión para mí y hace un tiempo se han abierto túneles entre la lectura que realizo y mi ser. Leo y siento, y es ese sentir el que se transmuta en determinado tipo de clima, clima afectivo que se literaliza. 
- ...¿?
-Le explico, llueve cuando leo a Virginia Woolf, mi preferida. Y con Borges, un gentleman sobrio austero, comienza a secar lo anegado, y con Cortázar viene la primavera y florecen jazmines en abril, y con Flaubert la lentitud nos hace flotar en brisa calurosa, ¿me sigue?  Esto es cierto Licenciado, mire que me he dedicado a hacer changas como domadora del tiempo. Los fines de semana voy a barmitzva, bodas, cumpleaños, me contratan para que no les llueva. En la embajada de Inglaterra, por el casamiento de la princesa hubo una fiesta, ¿se acuerda?...estaba pronosticada una tormenta con alerta meteorológica, me esforcé mucho esa vez, empecé a circular por el evento recitando poesías de Borges. Y si quiere le cuento de otro evento más reciente.  ¿Usted va a la fiesta de Yemanja? Me contrataron un grupo de pais y mais para el festejo. Hicimos un recorrido por cinco playas.
-¿Hicimos? ¿Con quién trabaja Albahaca?
-En esa oportunidad, me acompañaron mi marido y los gurises, como la paga no era muy buena, negocié con el pai jefe una autorización para un puesto de venta ambulante, y mientras yo recitaba “Alguien” de Borges. ... No me mire con esa cara, parece fácil, pero lo desafío a que intente recordar a Borges cual letanía, mientras están tirando melones y pepinos encendidos al mar, no es sencillo. Mientras tanto mi familia ofrecía velas, tarros de pop, y tortas fritas que hicimos de a cientos en el correr del día. Usted sabe que la psicología es económicamente muy inestable, y una changuita que otra no me venía mal. ... Pero perdí el don, y es todo un descontrol ahora.
-¿Usted se culpa por las tremendas inundaciones, Albahaca?
-Virginia Woolf me recita sus frases una tras otra sin que la llame. Leo a Borges y allí aparece Mrs. Dalloway, leo a Tolstoi y aparece Orlando, leo la revista Caras e irrumpe una declamación de Las olas. Se me trancó la Woolf y no encuentro la manera de resetearla, ¿entiende? La lluvia no se va a detener Lapsus hasta que no la destranque, lo sé, se lo aseguro.  
-¿No le parece un poco mucho lo que sugiere Licenciada?  ¡Usted controla el clima!
-…

En medio del silencio el Licenciado supo que era verdad, y sopesó la responsabilidad que tenía en sus manos. La seguridad pública de un país y sus habitantes.

-Haremos un trabajo intensivo, dos horas diarias de lunes a domingo, usted se tiene que entregar a mis procedimientos, las situaciones delicadas requieren de procedimientos riesgosos.
-Por supuesto Licenciado, proceda. 
-Leeremos autores frescos, contemporáneos, le prohíbo la conexión con los clásicos tanto en sesión como fuera de ella. Tenemos un máximo de dos semanas y hoy empieza el exorcismo.
-No quiero resignar a Virginia, Licenciado, no puedo.
-Mire Albahaca, tiene una responsabilidad para con una nación, es su deber, y va a tener que desalojarla. 

Un trueno les iluminó la conclusión. 

-Decidido. Salvaremos la patria, Licenciado.

A los diez días paró de llover, el cielo gris empezó a agujerearse de celeste. El agua se empezó a evaporar y el alerta rojo fue naranja, amarillo y verde. Albahaca quedó extenuada por los intensos procedimientos. Lectura de Cohelo y Corín Tellado de dos horas diarias, y para redondear las sesiones, libros de autoayuda y sus ejercicios: Acuéstese en el piso y grite los defectos que quiere dejar salir de su cuerpo.

La licenciada sigue gustando de la lectura de Virginia, pero sabe de su responsabilidad y resiste al vicio con el muro de la abstinencia. Lapsus en los días de bochornoso calor la recuerda con compasión, sabe que deberíamos sacar a Artigas de la Plaza Independencia y sobre el caballo sentar a la Licenciada Albahaca, la domadora del tiempo, y a él, su psicoanalista. Son héroes nacionales, y se merecen un buen descanso. 

Nos trasladamos: mesa de luz de Mayra


Llegó diciembre, último mes del año, tiempo en el que el bochorno trae entre otras cosas la maravillosa sensación de estar en el borde de las vacaciones, y con un pienso veraniego que insiste en hacernos copamiento mental. Livianos y ágiles asuntos acuden a la cabeza, pero ¿cuáles de ellos están relacionados con la mesa de luz- ya que de eso se tratan estos párrafos? Durante el verano, mi mesa de luz se muda, sí, se mueve hacia coloridos y ventilados sitios, además se agranda, ya que debe sostener más objetos, y por si fuera poco se diversifica, con sólo mirarla responde las preguntas qué leo, qué miro, y qué   escucho.



Y ¿qué leeré en la estación estival? Siempre tengo un listado de quieros grande, pero esta vez le daré mi tiempo a dos pendientes de muchos años, dos libros recomendados en muchas oportunidades por distintos lectores y que se han cruzado con mis ganas en los últimos meses: El señor de las moscas de William Golding y Capitanes de la arena de Jorge Amado, además del libro Cuando los que escuchan hablan de María Esther Gilio. 

En cuanto a qué miraré en verano, todavía no lo tenemos resuelto, ya que hace sólo dos meses que terminamos de mirar Breaking bad –una temporada tras otra, sin pausa y con una prisa entusiasta que nos llevó a los tirones hasta el final- y luego de semejante serie, difícil es elegir a la sucesora, sin caer en inevitables comparaciones. Tiene buenas recomendaciones Games of thrones. ¿Alguna sugerencia?

Con la música siempre ando en el mismo trillo, aunque-somos unos cuantos los que compartimos el mismo equipo de música, razón que nos vuelve heterodoxos, sibaritas, y muuuuy tolerantes- además de tener en nuestro haber nuevas recomendaciones que veremos de ir descubriendo en las noches de enero, algo de Buenos muchachos, algo de Bajo Fondo, algo de Buscaglia, algo de One direction y algo de Katy Perry.

Me despido de ustedes queriendo saber acerca de sus mesas de luz –anhelando leer sus recomendaciones-, y deseándonos que el año por estrenar nos sea próspero y divertido. 

Felicidá, chinchín, y hasta pronto
Mayra

Top 10 Langue Lengue 2013

Decidimos hacer un Top 10 con lo mejor de nuestro 2013.

Todo lo escrito, sí Tuito, es tan bueno, tan bonito y tan regalado, que merece una segunda oportunidad, por eso hicimos el Top 10 seconchans- ¡es que, además, somos políglotas!!!

¿Qué todavía no leyeron las columnas ni una vez?!!! Entonces tienen que leerlas dos veces seguidas,¡sólo así aprenderán a sabuaarfer con la literatura, el psicoanaálisis y los petitás al estilo Languelengue!
Aquí vamos:

1)¿Qué es el humor, porqué nos reímos, es la literatura de humor considerada literatura? http://languelengue.blogspot.com/2013/08/el-humor.html

2) ¿Tragedia+psicoanálisis= comedia?, ¿es la risa el único lujo afectivo que nos permitimos los psicoanalistas estando en sesión? Primera y segunda parte del tema humor por Mayra

3)¿Cuál habrá sido la circunstancia en la que ocurrió la primera carcajada de la historia de la humanidad? Dos columnas sobre el humor escritas por Paola reflexionaron sobre tal cuestión.

4) Strictu Sensu, preciosa poesía de Elianna
Devenires, otra vez Eli, gracias a los cual tuvimos más poesía en Langue Lengue.

5)Nos fuimos a las Lacanoamaricanas en Buenos Aires, ¿psicoanálisis deshabitado?

6)Conocimos a la tía Chichita en las Lacanoamericanas, un verdadero placer del sabuaaarfer, por Mayra. 

7)Un cuento para conocer mejor a La domadora del tiempo, psicoanalista amiga de la tía Chichita, amiga de Langue Lengue.

8)Ficción vs realidad,  y mentira vs verdad

9) Acerca de Onetti, El pozo y la función de la ficción, primera y segunda parte, columnas escritas por Mayra.  http://languelengue.blogspot.com/2013/10/onetti-y-la-funcion-de-la-ficcion.html

10)En Palabras apropiadas le pedimos en préstamo una poesía a Peri Rossi, Anoche tuve un sueño, del libro Playstation, divertida y genial.

La ficción de trabajar la realidad de las neurosis



por Mayra Nebril

"Siempre he pensado que la narrativa es el arte primordial de los seres humanos. Para ser tenemos que narrarnos, y en ese cuento de nosotros mismos hay muchísimo cuento: nos mentimos, nos imaginamos, nos engañamos. Lo que hoy relatamos de nuestra infancia no tiene nada que ver con lo que relataremos dentro de veinte años." Rosa Montero

La cita es del precioso libro La loca de la casa, y siguiéndola en su simpática afirmación agrego que los psicoanalistas bien sabemos que pocas cosas cambian más que el pasado a lo largo de un tratamiento. Porque el pasado es recorte y mirada, la memoria es una construcción. Al momento de comenzar un análisis algo está trancado en la posibilidad de novelar, a veces hay un narrar en exceso, y las imágenes invaden la vida, otras  veces y qué terrible es, los hechos imperan y comandan el discurso llevando horas de escucha la posibilidad de despegue de las imágenes para que sobrevuelen unos pocos centímetros los hechos. Muchas otras quien viene narra en tercera persona, desde otra voz, y sin lugar a dudas, desde otros ojos.

 ¿Las distintas neurosis se relacionan distinto con la realidad y la ficción?
Si bien se me hace difícil precisar cómo es para la fobia, cómo para la histeria y cómo para la neurosis obsesiva, ya que las preguntas-cuando llegan- abren tiempos de investigación más que de conclusiones; sé que en la clínica hay distintas maneras de ficcionar. También sé que hay muchos modos de decir sobre esas ficciones. Distintas maneras de habitar, autorizar y hacer con esos mundos paralelos.
Hay quien tiene un mundo imaginario, paralelo, que no se toca con la realidad, una especie de película que se alimenta a diario, y que no compone el relato oficial de una vida. Un secreto mundo privado al que asistimos gracias al pedido de asociación libre, somos, así, espectadores de un tesoro que se abre a nuestra escucha. Construcciones de grandilocuencia, historias que reparan la cruel o ingrata realidad, un universo que no tiene sobre la realidad de la vida efectos notorios. Mundos unipersonales.

Hay quien tiene un mundo que crece perpendicular al relato que hace público, es un mundo en el que se practican los hechos que luego se intentarán en el oficial, un espacio en el que se toma coraje, se vislumbran posibilidades de éxitos y fracasos, se juega con puertas y ventanas que si se abren ventilarán la vida. Es un mundo por el que el discurso del paciente deambula sin demasiadas barreras, es un secreto a voces, un espacio de la intimidad que se comparte más fácilmente.

Hay también quienes alimentan un mundo paralelo que se relaciona al de la realidad a través de la mentira, hay un ficcionar que inventa para los elegidos hechos que no existieron en eso que llamamos vida, mentiras que dicen ¿hasta creerlas?, a fuerza de repetición.

Y hay quienes viven pegados al mundo de los hechos, sin posibilidades más que mínimas de fantasear, de desplegar alas para mirar el mundo desde lo alto. Es un mundo árido, donde crecen pocas ilusiones.

He estado mirando entrevistas a escritores y leyendo otras, -disfruto mucho de escucharlos decir acerca de la creación de esos universos tangibles, de tan diversas consistencias, que uno al leer habita-,y de hecho al estar movida por la pregunta sobre la realidad-ficción, y la manera de novelar de los distintos pacientes, he escuchado las reflexiones que hacen sobre el tema atravesadas por el cernidor de estas interrogantes. Y entonces se hizo notorio que la manera de vivir la realidad y la ficción dista de ser la misma en todos los escritores. Y al igual que con los analizantes escucho la manera en que la ficción toma vuelo y se eleva sobre el mundo de los hechos, queriendo comprender los diferentes modos.

Onetti, para comenzar por quien hemos estado trabajando en Langue Lengue, le dice a María Esther Gillo en la entrevista Estás aquí para creerme, que no está en sus manos que Julita, el personaje de Juntacadáveres viva o muera, es una afirmación sorprendente y contundente la que hace, nos dice que el destino de sus personajes no es su decisión, que ellos viven según una lógica interna-de otro mundo- que él capta y transcribe. Onetti relata acerca de un mundo del cual no es parte; él está excluido pero es desde allí que escribe.

En cambio Cortázar en una entrevista realizada por Joaquín Serrano Soler, en el programa A fondo, dice habitar el mismo mundo de sus relatos; que esa frontera entre el mundo de la realidad y el mundo de la fantasía nunca tuvo la fijeza de la que otros dan cuenta. Fue en la pubertad que descubrió que para uno de sus amigos, determinados sucesos que para él eran aventuras interesantes, eran considerados ilusorios y aniñados (la anécdota está asociada al préstamos de una novela de Julio Verne que a Cortázar le había encantado, y en cambio a su compinche, le desilusiona por ser tan fantasiosa). Una novela que a él le cuenta sobre una realidad posible, universo del cual Cortázar es participante, sitio en el que viven sus relatos. Julio pareciera  narrar en su escritura acerca de un lugar al que pertenece.

Umberto Eco, por último, en el libro Confesiones de un joven novelista, describe la manera en la que se da la creación de sus novelas, y resulta que diagrama un mundo, lo dibuja, lo mide-realmente sabe la cantidad de metros que hay en la abadía entre tal y cual zona, motivo por el cual sabe también la duración posible de los diálogos- un universo coronometrado,  analizado con rigurosidad y detalle; acerca del cual, luego, escribe. Él es el creador, él hace y deshace en ese sitio, construye un universo sobre el que manda.

Son tres escritores con sus modos de hacer ficción, son tres ejemplos bien diferentes de convivencia del par realidad-ficción, estilos que encuentro también en la clínica, maneras que se me ocurre agrupar entre la manera de novelar de las neurosis y las maneras de escribir de los escritores.

El modo de cultivar un mundo paralelo que no se toca con la vida oficial, como hace Onetti al excluirse del mundo acerca del cual escribe; o los mundos perpendiculares que se tocan en circunstancias determinadas con la vida real, mundos que al estilo de Cortázar se zambullen en el devenir cotidiano en una continua cinta de Moebius; o mundos ¿mentidos?, inventados, que como hace Eco se levantan a fuerza de decisión y se construyen teniendo en cuenta planos, medidas, y poder sobre las tensiones en juego.

Si bien los escritores siempre nos enlazan en sus creaciones al ser libros publicados, leídos y comentados, de todas maneras hay una similitud o un `puente que me permite pensar en la clínica, en esos otros escritores más privados que nos relatan, -ya que también hay otro en el relato sostenido en transferencia-, sus mundos ficcionales, y la línea gruesa o fina que trazan entre ficción y realidad.  
Me pregunto, cada vez, si este mundo paralelo puede alimentarse en un análisis, de hecho la manera de escuchar deteniéndose o no en esos sitios es una manera de puntuar, o si en cambio será necesario podar sus ramas para propiciar que florezcan jazmines más dulces en la vida real, o si la manera será pensar en el hacer con eso algo, o hacer con otros eso. Cuestiones técnicas que al abrir la posibilidad de la pregunta orientan la dirección de la cura. 
Cada vez, cada vez, cada vez...

Onetti y la función de la ficción - 2da parte

Por Mayra Nebril


En la entrevista que Joaquín Soler le hace para el programa A fondo, Onetti afirma que la mentira fue el preámbulo de su escritura, cuestión que me resultó todo un descubrimiento a la hora de querer pensar la diferencia entre ficción y mentira. Dice allí también, Onetti, que El pozo es un aparte de su obra, una isla con respecto al resto, al menos eso entiendo de lo que contesta, como si El pozo se tratara de una continuación o muestra de esos diarios íntimos de la adolescencia de los que habla- en los que dice en la entrevista que miente- y que no pretendía publicar. 

Luego, después de editar El pozo, de buscar y saber acerca de la posibilidad del lector, algo se transforma en su escritura, ¿será que fue en ese entonces que la mentira mutó en ficción? Como si al hacer circular sus libros, después de la publicación, estructurara entonces la posibilidad de ficción como distinto de la mentira, un mundo otro en el que no vive, ni miente, sino en el que crea otra cosa.

En Propósitos de año nuevo, un artículo para la revista Marcha del 30 de diciembre de 1939, Onetti escribe: "Que cada uno busque dentro de sí mismo, que es el único lugar donde puede encontrarse la verdad y todo ese montón de cosas cuya persecución fracasada siempre, produce la obra de arte. Fuera de nosotros no hay nada, nadie. La literatura es un oficio: es necesario aprenderlo, pero, más aún, es necesario crearlo."

Fuera de nosotros no hay nada, nadie- repito- ¡qué fuerte esa afirmación! Una sentencia que dice de la potencia de la soledad, y también de la posibilidad de sostenerse en ese mirar hacia adentro; crear el oficio de mirarse de un modo peculiar, de una manera que pocos podrían hacer, ¿sostenerse sin el otro?

En El pozo, texto de 1939, también, el personaje termina sentenciando que antes creía en la felicidad de ese vivir fantaseando, tirado en una cama, fumando, y de cara a la pared, creía en la felicidad de la imaginación en soledad, ensoñaciones privadas, sin otros más que su consigomismo, antes dice el personaje ...¿y ahora?

¿Será que después -¿de la publicación como posibilidad?-se le hace necesaria la presencia del otro desde un nuevo lugar? ¿Y la ficción estaría relacionada con ese nuevo lugar, para el otro, que inventa?

En El posible Baldi, uno de los pocos cuentos -tres, para ser precisos- que preceden a El pozo, a lo largo de cinco páginas Onetti nos pone en la piel de un exitoso abogado, que regresa tras ganar el prestigio y el dinero venciendo en un importante juicio. El hombre camina rumbo a su casa, a su novia buena y linda, a la fragancia de jazmines, a la felicidad de su vida, pero en el camino se cruza con otro Baldi, con un posible Baldi, uno que despierta en el encuentro casual con una mujer que lo invita a hablarle. Convoca su grandilocuencia, y Baldi ¿le? miente, para ella se convierte en un cazador de negros, un traficante de armas, ¿es otro? 

Cuando sale de esa mentira, de ese posible Baldi, media hora, quizás cuarenta y cinco minutos han transcurrido, pero al retomar el rumbo hacia su vida cotidiana, la felicidad ha desaparecido. La mentira tuvo consecuencias, no es algo que se desplegó para ella, sino que a él le estalla en la cara, y le resulta una nada el juicio, el triunfo, la novia buena, los jazmines, su felicidad.

Mentir sobre la vida propia, inventar hechos sólo con almas, inventar de la nada, ¿es de la nada que hacer surgir un Baldi cazador de negros, traficante? ¿Es de su nada o de la nada de la mujer? Pero resulta que tiene consecuencias modelar una vida con la mentira, a la manera que un niño hace un muñeco con plasticina, dándole forma, observando el resultado y fantaseando con la vida de esa posibilidad. A veces, Pinocho cobra vida. 

Comienza a aparecer la diferencia entre ficcionar y mentir.

Puedo pensar que ficcionar inaugura la oportunidad de la creación de una versión más propia sobre algo, una creación que en la mentira está más relacionada a la versión del otro, a la mirada y la voz del Otro; aunque la mentira sería como el principio, el lugar en el cual, en el mejor de los casos, se abrirá la posibilidad de ficcionar. 

La primera escritura suele ser más autobiográfica, afirman muchos escritores, y con el tiempo el autor suele desvestirse de la historia y vestirse con la ficción propia, la que es capaz de crear y de inventar. Incluso logra con lo autobiográfico, decir acerca de todos los seres humanos, diciendo de sí. 

Podríamos pensar que para la neurosis, es la versión que el gran Otro construye para el niño,  el comienzo de la posibilidad de narrar su historia. Luego, quizás, sobrevenga la mentira, la posibilidad de decir, muy en relación a la versión del Otro, algo que lo contradiga, que tenga matices de discrepancia, incluso tal vez, la otra cara-de la misma moneda- la del Otro. Y, muy de vez en cuando, existirá la posibilidad de decir con voz propia, en relación al otro, pero enlazado de una nueva manera, algún invento que cree la oportunidad de ficcionar.

Proceso que llevaría del Otro al otro, desde la verdad del Otro, a su mentira, a la inauguración de la ficción -verdadera-, del otro por venir. Hipótesis que me tiene pensando sobre todo en el trabajo clínico con las neurosis, qué lugar darle a la mentira,cuál a la ficción, y por supuesto, también, cuál reservarle a la verdad.  


La tía Chichita y los Petitás, o, crónica de las Lacanoamericanas.


Por Mayra Nebril

**Si usted tiene conocimientos sólidos de psicoanálisis lacaniano, puede omitir la lectura del breve glosario que adjunté al final de la crónica; pero si usted es un lego allegado a la materia de forma ocasional o está empezando a estudiar a Lacan y se decidió a dar inicio a tal lectura comenzando por esta crónica, lea atentamente el humilde diccionario. Suerte y después me cuenta.

Me separaban dos horas y media de la finalización de las Lacanoamericanas, y había decidido quedarme hasta que me ardieran las orejas. En una suerte de tatetí, llegué a una sala en la que una mujer, que me hizo acordar mucho a mi tía Chichita, leía con entusiasmo para una breve audiencia compuesta por una primera fila de amigas y otras dos hileras de curiosos que esperábamos el despliegue de su decir. La licenciada Albahaca, psicoanalista que tengo en alta estima, mejor conocida como la Domadora del tiempo-por la consabida conexión entre sus lecturas y la lluvia-, estaba  sentada a mi derecha, supuse que había sido convocada, también, por lo hermético del título de la actividad.

La tía Chichita pidió que cerraran la puerta del salón. Alguien procedió. La mujer hizo silencio, apoyó sobre la mesa las hojas que leía, y comenzó a mirar de frente a su audiencia. Los ojos jóvenes e inquietos no acompañaban su avanzada edad. Su brushing de pelo corto y rojizo estaba un poco estropeado por la humedad, y otro poco por un jopo que, como enredadera selvática, se le desparramaba sobre el ojo derecho. Un exceso de rímel y delineador negros colaboraban en el dramatismo de su mirada hiperbatónica –palabra en préstamo del vocabulario de Elianna–. Cuando nos permitió regresar del silencio, la mano arrugada y enfundada en oro de la tía era activa en la batalla por despejar su ojo y enfatizar sus palabras.

–Voy a hablarles de los petit a. Entiendo que la clínica sin el dominio de los petit a, peligra
.
Me resultaba raro el extremado misterio que encerraban sus palabras, para un concepto que era frecuente en psicoanálisis, que todos creíamos entender, ¿o no? Nos miramos con un desconocido colega a mi izquierda, perplejos, él tampoco había comprendido aún el complejo intríngulis al que nos lanzaba la colega argentina. Los Petitá en el engarce de la estructura, decía la oradora. ¿Petitá? El samblás de Petitá, repitió para enfatizar. Decidí acercarme a la licenciada Albahaca, su rostro me decía que ella sí sabía de qué se trataba la charla de la tía Chichita, y que no había decidido ir a escucharla en un acto de casualidad.

-¿Conoce a esta psicoanalista, Domadora?
–Sí, se rumorea que ella ha descubierto algo nuevo en el psicoanálisis. Los Petitás.

Comprendí que el momento esperado había llegado, el nuevo psicoanálisis tomaba cuerpo en la voz de la tía Chichita y su ventana abierta a los Petitás.

Las manos de la tía ahorcaban el aire delante de su nariz, con cierta violencia y misterio las palmas envolvían el espacio por el que se deslizaba la voz que susurraba que se trataba de sabuaaaarfer con los Petitás, una batalla difícil pero loable ya que, de no lograrlo, perdía sentido seguir adelante con un tratamiento, incluso con el psicoanálisis. ¡Cuánta pasión!

–En algún momento los Petitás inundan la escena de la sesión, y uno apela al sabuarfer tanto con los líquidos, como con los sólidos. Sabuaaaarfer siendo samblás de Petitá, estimados, de eso se trata, para eso están ustedes, los elegidos, hoy aquí.

–Mesiánico –me burlé. A la Domadora no le gustó mi comentario.

Siguió su disertación sobre los Petitás, clasificándolos. Petitás así y Petitás asá, Petitás asicusá. Parece que algunos analizantes lograban vencer a los Petitás acuosos pero fracasaban con los olorosos, haciendo que fuera infértil cualquier ilusión de progreso. Otros en cambio agujereaban con palabras filosas el goce desatado de los Petitás, pero lo estropeaban en el atravesamiento del fantasmeeeé.

–¿Qué son los Petitás? –La pregunta quiso ser realizada a la licenciada Albahaca, pero por  extraños motivos se escuchó en toda la sala y a un volumen considerable.
–Agradezco la interrogante, –dijo la tía Chichita mirándome intensamente, y siguió –aun sabiendo que oírla fue una mala pasada que le hizo su Petitá líder, pero querida estamos aquí para despejar dudas. No se avergüence, es mi especialidad, mi sabuaaaarfer, y, a todos, no sólo a usted, sino a  cada uno le veo los Petitás desde lejos.

De pronto la sala se llenó de Petitás flotantes, nos rodeaban, miles, visibles, audibles y olibles, tenían ojos, nariz, orejas y boca, algunos lentes, otros barba, unos cuántos fumaban pipa, y unos pocos usaban cabello largo. Nos observaban y se dejaban mirar, unos cientos para cada quien. Se acercaban demasiado, se nos pegaban a la piel, como ventosas de pulpo, y perdíamos perspectiva desde la cual mirarlos. No sabíamos si eran buenos o malos. Aunque tal vez algunos tuvieran conocimiento, siempre desconfío, en el ambiente psi todos hacen comosí entendieran y el límite ficción-realidad es demasiado permeable. El colega brasilero que estaba a mi derecha y yo, no dejábamos de fruncir el ceño a la vez que nos interrogábamos con todo el cuerpo, no teníamos ni idea.

El ingreso de los Petitás al auditorio creó una hipnosis grupal, todos queriendo tocarlos, acariciarlos, pellizcarlos, cazarlos. Éramos alentados por la tía Chichita a sabuarfer con ellos, "Como causa, queridos, por ahora sólo como causa de deseo. Nunca pierdan de vista el agujero para sabuarfer. Sean samblás. Libre y destapadito el agujerito. Lenbebiú, colegas, está a la orden del día. Muy bien, Clara. Con cuidado, Alberto. Usted, Jaio, estupendo, no se eclipsa con el brillo agalmático y sabe que no se goza del agujero, sino del borde. Recuerden eso. Así no, querido, lejos, muy lejos del esperable sabuaarfer que se le confiere. Eviten que les invadan los agujeros. Vamos, ¡ánimo compañeros que podemos!"

–Amelia, sacátelos yaaa de la oreja –gritó la tía Chichita a una de sus amigas de la primera fila– No te entregues al goce del Petitá. No quiero perderte.

En ese momento, y teniendo a mis Petitás haciendo una danza que me resultaba monótona y pretenciosa, me detuve a observar a la oradora con el dominio magistral que denotaba de sus Petitás. Siempre a una distancia prudencial, los acariciaba  con la mano derecha y con la izquierda les exigía entrega, ellos se dejaban amaestrar por la habilidad de la mujer que sólo se distraía para acomodarse el jopo.

Intenté copiar los movimientos. Una identificación al rasgo. Nada. Una identificación al Petitá paterno. Nada. Le saqué lalangue al Petitá de mayor tamaño. Me mordió y otros tres me mostraron los dientes. Vino la tía a auxiliarme. Me mostró cómo pellizcarles la nuca para lograr la rendición masiva del Petitá. Cuando la tía me dejó sola, el más grande me escupió.

Enfoqué a la licenciada Albahaca que había quedado unos pasos detrás de mí. Los ojos se me desorbitaron al ver su situación. De sus Petitás llovían líquidos de distintos colores: amarillo, blanco y amarronado, también había gotas cristalinas que como diamantes chorreaba una familia peculiar de su grupo. Ella había abierto el paraguas negro a lunares blanco que siempre la acompañaba y lo blandía como protección y arma frente al batallón aguerrido, era una Domadora, también, de Petitás. Los suyos eran distintos, y no sólo por la cascada que dejaban caer.

La oradora se acercó a la licenciada Albahaca, que estaba nerviosa al sentirse en el foco de atención de la gurú de los Petitás.

–De esto se trata, colegas, de crear nuevas variedades de Petitás, de inventarlos y para eso tenemos que ir hasta el unercanté, ¿comprenden? Ir y regresar del unercanté. Deben lograr un sabuaaarfer que desatará un goce deseoso de amor al psicoanálisis. ¡Regresar a Lacan! Una y mil veces volver. ¿Me siguen? ¡Mi dios! Dejar caer Algranotre, sí, Al-grano-tre, y así encontrar en el más allá del principio de realidad nuevos Petitás.

La licenciada Albahaca seguía blandiendo el paraguas, ahora con mayor delicadeza, y una sonrisa de alegría por el reconocimiento de la tía Chichita frente a sus colegas del Cono Sur, pero cuando alguno de sus Petitás pecaba de exceso de confianza, lo golpeaba con destreza estampándolo contra la pared empapelada de flores y arabescos. La tía Chichita aseguraba que eso era lidiar con el Petitá como si del Dasdin se tratara, lenbebiú, -decía- un experto dominio del arte de Petiteo. Terminó su alabanza diciendo que la Domadora era un Petitotre para ella de aquí en más.

–Listo– dijo y palmeó. –Suficiente.

Los Petitás desaparecieron de nuestra vista.

La tía Chichita continuó aplaudiendo, enérgica. El jopo le conquistaba la frente, la nariz y la mejilla. Así daba por culminada su intervención en lo real, lo gritó, y nos legaba su sabuaaaarfer para que el psicoanálisis de estos tiempos y latitudes no desfallezca, está el corazón vivo de nuestro arte palpitando en vuestras manos. Aleluya al Petitá, y todos coreamos sin pedido explícito de su parte, Aleluya al Petitá.

Se abrió la puerta. Las amigas la rodearon, la abrazaban, la besaban y la felicitaban. Su sonrisa triunfal era contagiosa. El colega brasilero, la Domadora del tiempo y yo nos encaminamos a la salida. Íbamos en silencio, decantando lo visto y escuchado. Los lunares blancos del paraguas, cual manchas del test de Rorschach, daban cuenta de las infinitas oportunidades de lectura que nos da el Petitá.

La escalera con la que nos encontramos era un damero de más de cien peldaños, que serpenteó por las seis salas en las que se desarrollaba el evento, hasta desembocar en la sala del café. Muchos psicoanalistas hablaban de petit a, de semblant, del das unerkannte, l’une-bevue, el gran Otro y de savoir-faire. Aburrido. Por hacer algo me serví un vaso de agua fresca. El brasilero subió y bajó los hombros varias veces, no entiendo una palabra de portugués así que ni siquiera intenté una conversación con él, me limité a imitarlo y sonreír.

La licenciada afirmó que ya era suficiente psicoanálisis para ella, estuve totalmente de acuerdo, decidimos dar por finalizada nuestra asistencia al evento. Cuando llegamos a la salida, único lugar desde el cual se podía ver el exterior estando dentro del castillo psicoanalítico, la calle era un río agitado por el que navegaban autos, camiones y peatones que dominaban el arte de la flotación.
La Domadora del tiempo sonrió. Sus poderes no se agotaban con la lectura de Virginia Woolf, también el maestro interpretado por la tía Chichita, cobraba acuosa vida. Pero, ¿era suficiente con el sabuarfer de la tía para refrescar el decir psicoanalítico? Quizás… ¿Podría la Domadora traer consigo un eslabón de la líquida cadena y plantar nuevas semillas de Petitás de este lado del Río de la Plata? Quizás, quizás, quizás…

Las dos nos remangamos los pantalones hasta la rodilla, nos descalzamos las chatitas y miramos al cielo buscando alguna señal. La Domadora del tiempo abrió su paraguas – tipo hongo, de tamaño considerable-  juntas comenzamos a andar.

** Breve glosario de terminología psicoanalítica

Savior-Faire – Sabuaaaarfer, se dice y es el saber hacer que se obtiene al final del análisis, entre otras cuestiones saber hacer parecer que hablamos francés, sabuaaarfer con lo real del síntoma, con el sintooom, o también saintom, a Él le encantan los juegos de palabras, tiene que saberlo estimado principiante, es parte esencial del oficio, así que debe aprendeher, aprender, prender, perder, perder-se, desprenders/e, se-aprende, comprende, se/vende. Sabuaaarfer es aplicable para cada momento en que uno pierda el hilo del discurso y desee retomarlo sorpresivamente, por ejemplo "No me comprendiste, querida, se trata del sabuaaaarfer con eso"... y ahí se engancha cualquier temática que a uno le quede cómoda para disertar.

L’ insu que sait de l’une-bevue y sigue…- alias Leinsú- alias Lenbebiú - nombre del seminario número 24 en el que Lacan juega con la homofonía para decir lo que le parece que puede con/fundir más, vendría a ser una versión de los lengues posibles de Lalangue, el LangueLengue, ese algo que no cesa de no escribir-se sin faltas de ortografía. Si a usted no le parece que tenga onda llamar al seminario por su número, puede poner trompa francesa y decir Lenbebiú o Leinsú, los psicoanalistas lo entenderemos y además se ganará el respeto de unos cuantos.

objeto petit a - término creado por Lacan para referirse a los cuatro objetos que son y no son parte del cuerpo, que son y no son del sujeto, que son el modo de relacionamiento con el gran Otro- diga Granotre y lea la próxima entrada del glosario para entender- objetos que son borde y agujero, que llenan y no, que son el único invento lacaniano a decir del maestro mismo, sin los cuales no vamos a ningún sitio, y ¡tanta veces no iremos a ningún sitio! Los Petitá están disfrazados en el fantasma, son puntos de engarce de la estructura, operan como causa de deseo, como plus de goce. Los Petitás son cuatro: el pecho, las heces, la mirada y la voz. ¿Ahora los visualiza mejor? ¡Qué imagen! Estimado principiante, si aún no entiende nada de nada, sepa que veinte años de lectura no son nada, así que no se aflija, y sepa que siempre puede recurrir a los Petitás de la tía Chichita, tanto más queribles, ¿verdá?

A - léase gran Otro, pronúnciese Granotre. Usted, que está dando sus primeros pasos psicoanalíticos creerá que el Granotre es la mamá, pero no, es la función mamá, que después de leer y leer resulta que es el lenguaje de la mamá, a lo que por supuesto le decimos en francés, lalangue, asítodojunto y debe aclararlo, no vaya a ser cosa que agarre a alguno distraído, pero no se crea que lalangue es ese cacho de carne fucsia dentro de la boca de la mamá, -no se trata de un Petitá, lalangue- es la manera en la que la mamá encarnó la langue, o sea todos esos modismos que le son propios como por ejemplo ajises, o haiga, o bilanesas, o -si su madre es psicoanalista- sabuaaaarfer, y petitá. También, por supuesto, LangueLengue.

Das Unerkannte – para los que trabajamos en el área, con cariño le decimos el unercanté, ombligo del sueño, o sea lo que nunca jamás vamos a conocer, más o menos algo así, ¿comprendió? Sino no importa, es lo no reconocido, usted que empieza no va a andar haciéndose problema.

Semblant – traducido como semblante, pero como todos sabemos en la traducción pierden ambos idiomas, o, quizás, fecunda uno nuevo, el franpañol, en cuyo diccionario se encuentran senblán, samblá, hasta el sanblás antes usado para los estornudos. Término complejo que quiere decir del lugar que ocupa, a veces, el analista, que es y no es, como el Petitá, ¿se acuerda? Y sí, estimado lego, todo es sanblás en este primer tiempo del psicoanálisis.

Imágenes: Milo Lockett

http://www.milolockett.com.ar/vida_resenia.html

Reunión Lacanoamericana 2013

El psicoanálisis deshabitado
por Paola Menta


Nada valoro más al leer un texto que poder escuchar una voz. Sentir cómo al avanzar en la lectura la voz se alza, se clarifica y se vuelve singular.

Sin duda, algo de la singularidad, de lo peculiar, se juega en el estilo. Pero, pensando en particular en los trabajos sobre psicoanálisis, creo que en ellos la singularidad se soporta en la pregunta que los causa. 

Es la pregunta que al encarnarse en una voz, abre una ventana, produce un suspenso, relaciona o acerca cosas que estaban separadas, separa cosas que estaban juntas… Y así nos deja perplejos, desorientados, entusiasmados frente a esa nueva visión, a esa nueva perspectiva, ante ese no saber. Allí donde el saber fracasa, aletea la emoción que conlleva la investigación, no sin cierto desasosiego.

La oportunidad de haber asistido a la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis que tuvo lugar en Buenos Aires desde el 30 de octubre al 2 de noviembre, me puso a pensar en la situación particular que supone la lectura de un trabajo sobre psicoanálisis frente a un auditorio. Y es particular porque alguien presta allí su voz a Eso que va a decir. Eso quiere hablar y hay que sostenerlo allí, frente a otros, para que Eso diga. 

Necesariamente, algo de lo que en ese encuentro se produzca o no, tendrá que ver con la posición que ocupe el auditorio en quien lee.
Si se lo valida como interlocutor, entonces sí será posible “trabajar”, es decir, hacer el esfuerzo de sostenerse en la incertidumbre, soportar el enigma; avanzar a tientas hasta el “de pronto” comprender, hasta el “de pronto” sorprenderse, con eso que toca, descoloca, inaugura recorridos. Si el auditorio se concibe como quienes van a ver, el espacio de trabajo se transforma en una vidriera y así la mostración, tal como lo hacen los dementores en Harry Potter, le aspira el alma a las palabras dejándolas extenuadas, agotadas, vacías.

Si el auditorio no es un prójimo con el que se hace lazo a través del quehacer, el trabajo no tiene porvenir; se trata de un presente continuo que se consume en el mismo instante en que las jornadas terminan. Es casi un acto de consumo.

Con esa imagen graficaría esta Reunión Lacanoamericana en la que se presentaron cerca de 500 trabajos y en las que participaron alrededor de 1500 personas.
Trabajos con pocas voces, pocas preguntas, escasas propuestas.

Ojalá, este estado de cosas se tratara de algo del orden de lo sintomático. Ojalá.


Imagen: M.C. Escher, Hormigas

Devenires

por Elianna Pascual
Vacilo
con cuidado
entre u irrelidad
y mi agonía,
tu palabra suave e inusual
y mi insomnio
casi pocas veces breve,
tu dulzura despierta e inesperada
y esta extraña soledad
que tanto me completa;
tus idas
mis venidas
y tus idas.

Vacilo
inconstantemente
entre esta lenta e insegura
capacidad de perderme
y tu hallazgo
por fin real
algunas veces.

(2006)

Licenciado Lapsus Linguae: Mrs Dalloway al diván


Por Mayra Nebril 
 

"El amor es una historia que una construye en su mente, consciente todo el tiempo de que no es verdad, y por eso pone cuidado en no destruir la ilusión."
Mrs Dalloway Virginia Woolf


Mrs. Dalloway esperaba junto al álamo a que se hicieran las cinco en punto para presionar por primera vez el timbre del Licenciado Lapsus Linguae. Notó que la pintura del portón estaba comenzando a ampollarse, y pensó que tal vez fuera una mala señal, pero fue consciente también del colchón sonoro de hojas sobre la vereda y de la poesía que aquello encerraba. Recordó que su única amiga en el país, se había encargado en subrayar que el Licenciado era un hombre que cuidaba las formas y que a primer golpe de vista se parecía a Freud. Al entrar le agradó la biblioteca de roble que desde el piso al techo tapizaba una de las paredes del consultorio, divisó ejemplares en inglés de Shakespeare y Wilde. También reparó gustosa en la alfombra persa sobre la que descansaban los sillones, y la vista al patio con una glicina enredada a los barrotes de la reja.
-¿Sabía usted que Freud visitó a Virginia Woolf y le llevó de regalo una flor de Narciso?- preguntó Mrs Dalloway al Licenciado en el vano de la puerta.

 Lapsus le extendió la mano, sonrió sobriamente y la invitó a sentarse. "¡Qué manera de presentarse la Señora! Aunque se esforzara no podría decirme más."

- Dígame, Mrs. Dalloway, ¿qué la trae a mi consultorio?
- Licenciado, su país no es sencillo para mí, y mucho menos lo es hacer una consulta  psicológica en él.

El silencio de Lapsus la invitó a proseguir, o al menos la confundió lo suficiente, como para que reanudara el diálogo.
 

- Ustedes son...
- ¿A quiénes se refiere, señora?
-  ¿Podría llamarme Mrs? Sé que es lo mismo, pero prefiero que me llame Mrs. Dalloway. Cuando digo ustedes, el ustedes responde a los uruguayos. Ustedes no tienen adquirido el código de etiqueta, y vivir aquí es desconcertante para un extranjero. 
- ¿Qué le sucede en concreto? ¿Con cuáles uruguayos en particular tuvo problemas, Miss?
- Mrs... Le explico, por ejemplo lo que acaba de suceder entre usted y yo, esa necesidad suya de ir al punto, de preguntar con ansiedad todo lo que quiere saber. Cada persona dice lo que considera pertinente y tendría que ser suficiente. No es de buen gusto hacer interrogatorios. Qué hace tu madre, cuánto sale un litro de leche y un pan flauta allá. Inauditas las preguntas, e interminable la lista.
- Dígame, entonces a su manera, Mrs. ¿qué es lo que le sucede?
- Ya se lo he dicho, Licenciado.
- Sea más explicita entonces, tenemos poco tiempo y no llega a decir aunque diga que dice.
- Las manifestaciones de afecto son groseras. Besos con labios húmedos. Abrazos. Toqueteos. Me han llegado a despeinar el moño, para hacerme saber que se alegran de que haya asistido a un evento insignificante. Clarissa es mi nombre, varios son los que me dicen Clari, Claru, Clacla, hasta Doña me han llamado.
- De todas formas, supongo que hay algo bastante más importante que la trae aquí conmigo.
- Supone bien, Licenciado. Tiene usted razón. Pero es algo vergonzoso, un episodio que hace sombra a mi existencia y me atormenta. Aun no lo he podido decir, a nadie, solo lo saben quienes estaban allí, entre ellos mi pobre Richard, cuánta vergüenza ha pasado por mi culpa. Oh licenciado, es tan grande mi desdicha.
- Cuente con mi confidencialidad y hable de eso.
- Mi marido, Richard, invitó a nuestro embajador y su mujer, a cenar a casa. Gente culta, exquisita, inglesa. Treinta días me llevó la preparación del evento. Mantelería de broderie, cubiertos de plata labrada, copas de cristal de Bavaria, floreros con orquídeas, y velas aromáticas encendidas. Tchaikovski, para la llegada, John Coltrane para la sobremesa. Richard, la casa y yo, éramos extremidades de un cuerpo grácil, que fluía como el agua de un arroyo en una tarde de verano.
- ¿Y qué sucedió misis? esta mujer impacienta a un anglosajón muerto, pensó el licenciado con el ceño fruncido.
 El relato requiere de cierto ritmo. Ya llegaremos al punto Linguae. Si usted viera como logramos mantener el hilo del diálogo, siempre en su justa tensión, un baile en el que fuimos expertos. 
Lapsus Linguae observó el reloj sobre el escritorio; Clarissa advirtió que sólo quedaban cinco minutos de sesión.
- Y entonces ocurrió la tragedia. Se lo contaré sin más rodeos. Una tragedia que me mató en vida, que me tiene recluida desde hace mes y medio Comíamos brownies con helado de vainilla escuchando "It´s a wonderfull world" en el deck junto a la piscina. Richard sonreía y sus dientes blancos parecían multiplicados con la luna llena. Los invitados nos halagaban. 
Gustaba Clarissa Dalloway de los silencios melodramáticos, no así el Licenciado que exhaló un sonoro suspiro.

-Sepa comprender Linguae, es tan difícil para mí decir lo que tengo que decirle.
-
- En medio del paraíso, se me escapó un gas. Sí, una flatulencia estruendosa en medio de aquella bella y calma noche. Mis compatriotas cruzaron miradas entre ellos y luego se dirigieron al pobre Richard, cuyos ojos flotaban en el agua sin salvavidas. La nube de olor nos envolvió. Hediondo. Ácido. Los cuatro invitados continuaban comiendo el dulce chocolate con el gesto asqueado. El silencio fue de acero y la despedida glacial. No volvieron a mirarme, ni a hablarme. Ha fallecido mi vida social. Sólo me quedan los asados en mesa de caballete, repasador, y mayonesa de a kilo. Las discusiones a los gritos cada vez que se dice Natalia Oreiro, Forlán, o inseguridad social. Y los eructos son algo que hasta puede celebrarse. 
- ¿Y en qué podría ayudarla este uruguayo, señora?
- La semana pasada Richard me invitó al tablado. Me compró un choripán con pickles, y en la segunda pausa, mientras se cantaban los números del Bingo, me dijo que se quedaba, aquí, cinco años más. ... Quiero adaptarme. Tengo miedo, Licenciado. Terror de perderlo todo.
 

Cuando el Licenciado se despidió de Clarissa, sintió ganas de ayudarla por primera vez en la hora que llevaba de conocerla. "Para la semana próxima compraré yo mismo los narcisos que colocaré en el florero para esperarla"




Volver a Onetti 3


 
Comienza el excelente documental Jamás leí a Onetti, un silbido anticipa la música que se creará en el transcurso del documental, nos desplazamos por un lúgubre corredor de roperos de metal  hasta que entramos en una sala de biblioteca. Ahora el silencio lucha con los suspiros de papeles queriendo decir y las suelas golpeando tablones de madera. Tomás de Mattos acaricia un cuaderno escrito a mano y despliega ante nuestros ojos un dibujo a lápiz, manzanas imprecisas de una pequeña ciudad, con algunas anotaciones dentro de los cuadrados, plaza, iglesia.
 
"Por supuesto que uno de los aspectos más valiosos de la colección que archiva la biblioteca -dice Tomás de Mattos-son los manuscritos. Pero hay un papel dentro de esos manuscritos que para mí es fascinante; es un mapa de Santa María hecho por el propio autor, y en realidad desechado. Considerando que no representaba la Santa María real-sonríe- por no decir ficticia. Onetti dijo una vez "Santa María no existiría más allá de mis libros si existiera realmente. Si pudiera vivir allá, inventaría una ciudad nueva llamada Montevideo."
 
Si pudiera vivir allá, inventaría una ciudad llamada Montevideo, repito para subrayar, ¿es la necesidad de inventar-se un lugar lo que lo motiva?
 
"Es una necesidad fundamental de asentar su ficción en un territorio ficticio, una ciudad imaginaria como le llamaría su influyente amigo y profesor de pintura Joaquín Torres García. ... Este mapa no refleja realmente Santa María, y el propio Onetti lo reconoció -dice quien era el director de la Biblioteca Nacional- Es imposible. Según las novelas cambia la relación de los lugares, pero es muy interesante verlo, estudiarlo. Además verlo como preside el río, preside en forma recta, precede a la ciudad."
 
Ciudad cambiante, ciudad que se remodela en cada novela. Pero siempre es Santa María. Un lugar que debe rehacer, reinventar. No está hecho de una vez y para siempre.
 
Vemos a lo largo del documental como esa ciudad es parida con esmero del lápiz del Tunda Prada, Santa María existe, las palabras solidificaron esa realidad, que no es mentira, y ¿ficción?
 
Luego, más adelante en el documental, aparece María Esther Gilio, autora del libro de entrevistas a Onetti, Estás aquí para creerme, del cual transcribimos extractos en Volver a Onetti. En esta oportunidad la mujer sentada en un bar con un radiograbador rodeado de un vaso de cerveza y un mozo curioso, apreta el botón y convoca a la voz de Onetti a confesar otra vez, que el adjetivo que mejor lo describe es Indiferente y a continuación, la misteriosa voz sentencia con esa precisión de bisturí que adquieren las palabras en la mano y la boca de Onetti, "Mi reino no es de este mundo".

¿Cuál es el reino de Onetti? ¿Ustedes se animan arriesgar?


Onetti y la función de la ficción


Por Mayra Nebril                                  

"Se dice que hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos. Porque los hechos son siempre vacíos, son recipientes que tomarán la forma del sentimiento que los llene." El pozo, J. C. Onetti

Queriendo reencontrar este párrafo y el vertiginoso descubrimiento que desató a mis veintipocos años, volví a la novela en tres oportunidades, separadas por décadas, de mi vida. Cada vez es otro libro, pero siempre me gusta cómo hace que la pregunta encuentre un doblez en el que renovarse.

La facultad de psicología, Freud y el concepto realidad psíquica, habían hecho lo suyo en el tallado de algunas interrogantes, ¿qué es la realidad?, ¿qué tan verdadera es?, ¿cuál es su valor e importancia? Por otra parte, ¿qué es la ficción?, ¿si la verdad tiene estructura de ficción, será que debemos cortar el hilo con la búsqueda de los hechos? 
Entonces fue que me encontré con esta novela de Onetti, que me cedió un nuevo lugar desde el cual detenerme a observar la frontera que separa y delimita la tierra de la ficción. Le debo a Onetti, por lo tanto y además del placer por su lectura, un ramillete de ideas que intentaré cercar con palabras. Difícil tarea luego de leerlo a él, tan preciso a la hora de tomarles el peso y ponerlas en racimos, tan sereno a la hora de domar los silencios.
Al terminar de leerlo, en esta tercera cita que nos dio la vida, y quedarme con mis propias ensoñaciones, con las elucubraciones de mi decir imaginario, pienso ¿para qué ficcionamos los seres humanos?, ¿cuál es la función de la imaginación? Es muy grande la pregunta que me hace la novela, debo achicarla, debo bordarla a El pozo, debo conversar con él.

Le pregunto al pozo de Onetti y al mío, los interrogo en la asociación que hacemos de la memoria con la escritura de ensoñaciones como parte del relato de una vida, como si memoria equivaliera a la suma de los hechos reales más un alma que los vive, entonces ¿forman parte de la memoria los relatos del mundo interno?, ¿construyen nuestra identidad los sueños? Creo que sí.

Luego el personaje de El pozo le dice una mentira a Ana María, para sacar provecho de esa situación, y más adelante define la mayor mentira posible como la extracción del alma, reduciendo a hechos reales un relato, diciendo toda la verdad, al hacer objetivable lo subjetivable. 
¿Mentir para engañar? Para hacer creer algo que no es. La mentira incluye al otro, lo quiere en ese mundo privado. 

No hay palabras que relaten las ensoñaciones -nos advierte-, no hay traducción posible de ese decir íntimo, sin traición, sólo el consigomismo encuentra el modo de construirse esos relatos, a veces. 
Aun así, el personaje de la novela lo intenta, en dos oportunidades quiere tender el puente al otro, en ambas el resultado es el mismo, el  fracaso abismal de la comunicación. No hay encuentro, no hay lazo más que con esas imágenes, suyas, ... del otro ni retazos. 

Pero ¿alcanza?, ¿sin que la ensoñación ¿ficción? tienda un hilo al otro, puede ser la felicidad? 
El imaginar solo en una cama, ¿puede sostenerlo? ¿Hay en la imaginación una posbilidad de rescate, sin hacerla producir -literatura, u otro evento, artístico o no-, ella sola en sí misma, puede sostener?, ¿o es que en ella está la perdición si no se encuentra la posibilidad de enlace con el otro?
¿Ese mundo imaginario puede crecer sin producir consecuencias en el mundo de los hechos?, ¿podrá existir en paralelo a la vida misma?, o ¿su mera construcción efectuará un reflejo en la realidad? 

En el año 1976, Juan Carlos Onetti fue entrevistado por Joaquín Soler Serrano, algunas de las respuestas que allí da y que transcribimos en Volver a Onetti 2 http://languelengue.blogspot.com/2013/10/volver-onetti-2.html, me permitieron pensar sobre la manera en que el par realidad- ficción se desliza al de mentira-verdad.
Onetti se confiesa mentiroso, e intuye que esa es la semilla del escritor. Mentía a su familia, también a sus amigos, incluso llevaba un diario íntimo en el que registraba aventuras que no ocurrieron ni ocurrirán, se reconoce un Don Juan con la imaginación, todo un Casanova. Después -dice, en tercera persona, acerca del escritor que hay en él- siguió mintiendo, en todos los libros.
J.S.S: ¿Qué piensa que es El pozo desde la perspectiva de los cuarenta años transcurridos?
J.C.O: Y, yo lo sigo queriendo a El Pozo, pero naturalmente, claro, después tuve que largar amarras y salir de esto... -tiene el libro en la mano y mientras habla lo hojea, hace una pausa y continúa diciendo: -... Que era un cuento intimista y es totalmente personal y no hay personaje, -pausa- no hay un solo personaje -pausa- y después vino todo esto -y señala hacia la mesa que tiene a su izquierda, sobre la que está el resto de su obra, en exhibición.
Lo que afirma de la mentira como preámbulo de la ficción, y de El pozo como un aparte de su obra, como una isla separada del resto de sus libros,- al menos eso interpreto de lo que dice en la entrevista-, me pareció algo muy interesante para pensar en los pares Realidad Verdad Mentira Ficción. Como si El pozo se tratara de una continuación, o incluso una pequeña muestra de esos diarios de la adolescencia de los que habla y que no pretendía publicar. Luego, después de editar El pozo, de saber y buscar la posibilidad del lector, algo se transforma, ¿será entonces que la mentira tiene la posibilidad de mutar en ficción? Como si al hacer circular sus libros, con esa primera publicación, estructurara entonces la posibilidad de ficción como distinto de la mentira, un mundo otro en el que no vive, ni miente, sino en el que crea  otra cosa.
En El pozo, el personaje termina sentenciando que antes creía en la felicidad de ese vivir fantaseando, tirado en una cama, fumando, y de cara a la pared, antes... ¿Y ahora?

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