¡Una caída!

por Paola Menta

He pensado y mucho en la pregunta que el artículo La carcajada me permitió formular:

¿Cuál habrá sido la circunstancia en la que ocurrió la primera carcajada de la historia de la humanidad?

¿Cómo habrá vivido ese primer risueño la primera risa? ¡Qué interesante que la palabra sueño forme parte de risueño! ... la “s” liga y permite, cual portal, el pasaje de una a otra palabra. ¿Será que risa y sueño están emparentados de alguna manera? Y si así fuera, ¿de qué manera lo estarían? Se me ocurre, que el inconciente podría ser el nexo. ¿Pero cómo?

El niño, del que hablé en el artículo anterior, que se asustó ante mi carcajada y dijo: ¡No hagas eso!, es misterioso, ¡me asusta!, mostraba como sólo los niños son capaces de hacerlo, que la carcajada era un puro real para él, la carcajada no tenía para él, significación ninguna así como tampoco la tenía el acto de reírse de algo con otro. Reírse de algo con otro supone algo complejo, “eso” que habla también ríe.

Mucho tiempo transcurrió hasta que un día, ese niño y yo fuimos tomados por la risa mientras mirábamos la presentación de la película Monster Inc. Ante el traspié de un monstruo que cae por una alcantarilla nos encontramos riendo divertidos. En el instante en que su risa se dejó oír me miró, buscando tranquilidad y complicidad. Lo miré aún sacudida por la risa. Aliviado, él mantuvo la suya. Volvimos a reírnos. Pidió para volver a ver el momento de la caída del monstruo por la alcantarilla (¡que increíble que utilicemos la expresión Es una caída cuando alguien es muy gracioso!) y después de verla al menos tres o cuatro veces, me preguntó: ¿por qué ya no me da la misma risa? Ajajajajajajajajajaja  ¡estupendo! La clínica de niños nos permite, como analistas, asistir a milagros como éste.

Bueno, pero volviendo al primer risueño de la historia de la humanidad, me lo imagino anonadado, perplejo, quizá también asustado ante ese cambio de ritmo en la respiración; ese torbellino de aire que producía en su garganta esa sucesión de gorgorismos y espasmos que sacudían su cuerpo. Pese al susto, prefiero imaginar que igual se animó y se dejó llevar. Siempre me figuro esa situación inicial –mítica casi- entre dos. Imagino también la intriga del otro que miraba a este primero sacudido y agitado sin razón. Supongo también,  que pese a la curiosidad, se entregó y contagiado por la risa del primero descubrió que no había peligro alguno, más bien, se trataba de algo que lo sumía en oleadas de bienestar, de algo que sentía grato, y entonces encontró su propia carcajada. Rieron juntos, y aquello floreció y se potenció y se extendió por algunos segundos y algo cambió de allí en más.
Pero, ¿cómo supieron que se reían? ¿de qué se rieron?, ¿cómo supieron de qué se reían?

Me encuentro una y otra vez con la idea de que la risa –y no la sonrisa- debe haber estado en relación con la aparición del lenguaje, con la entrada de “eso” en las estructuras del lenguaje… ¿sería el inconciente la cicatriz de esa entrada en la cultura? ¿podría pensarse el inconciente como el resto de ese momento estructural?...

Pienso que la risa, desde el momento en que se recortó como risa y como tal también se la nombró, estuvo en relación con la entrada en las estructuras del lenguaje porque implica cierta terceridad. Se rieron de algo. Algo los hizo reír, aunque no supieran qué fue ese algo. Aunque ese saber llegara después.
Mucho tiempo después –me divierte pensar- tendría lugar el fenómeno del chiste, es decir la creación de un artificio que provoca la risa, sin embargo, esa provocación no puede realizarse de cualquier manera si quiere ser efectiva.

En Función y campo de la palabra, Lacan dice:

Es conocida la lista de las disciplinas que Freud designaba como debiendo constituir las ciencias anexas de una ideal Facultad de Psicoanálisis. Se encuentran en ella, al lado de la psiquiatría y de la sexología, “la historia de la civilización, la mitología, la psicología de las religiones, la historia y la crítica literarias”.

Añadiremos de buen grado, por nuestra parte –continúa Lacan-: la retórica, la dialéctica en el sentido técnico que toma este término en los Tópicos de Aristóteles, la gramática, y, cima suprema de la estética del lenguaje: la poética, que incluiría la técnica, dejada en la sombra, del chiste.
El remarcado es mío y está remarcado con entusiasmo y asombro ante el hallazgo. Lacan incluiría dentro de las ciencias anexas a la poética y hace especial hincapié en la técnica del chiste. ¿Por qué?

Otras preguntas se abren, para mí, allí: 
¿Por qué se producen chistes?
¿Para qué se producen los chistes?
¿Cómo se producen?
¿Dónde trabaja el chiste?
¿De qué se trata en el chiste?

Por suerte, nuestros queridos lectores han dejado varios chistes en la pestaña de juegos. Así, tengo material variado para seguir pensando sobre el humor que es cosa seria.

¿Qué piensan uds?

Lacan, Jaques. Escritos 1. Edit. Siglo Veintiuno. Pág. 260.
Imagen: La risa. Pintura anónima.

6 comentarios:

  1. Paola, acabo de leer con agrado tu (no se si llamarle ensayo). Me gustó mucho. A medida que lo iba leyendo y que planteabas ese tiempo casi mítico de aquel primer valiente que se entregó a la carcajada, pensaba en lo impensable de que eso ocurriese previo al lenguaje, como bien luego tu misma rescatas. Sin embargo, luego comencé a pensar en las particularidades de una "caída", como escena que refiera a lo imaginario y que de ahí toque con lo real. Una caída justamente es un desfasar de dos escenas que se desdoblan, por un lado tenemos el movimiento armónico y articulado, y por el otro el "quiebre", aquello que descoloca lo que podía tener de previsible la escena, el rompimiento del esquema. Si bien hay homólogos de ello en el lenguaje (siempre es divertido cuando alguien hace el comentario más inesperado en el momento menos apropiado), creo que la escena de la caída toca en otro lado. A su vez, es una escena que por repetición se gasta, deja de causar el mismo efecto. De ahí la pregunta de tu "analizantito": ¿por qué no me causa ahora tanta gracia? Ahí quizas justamente algo de lo real se cerca, cesa de no escribirse, no porque necesariamente se escriba, sino porque se inscribe en el efecto de un sinsentido que quizás ya no es necesario. Me recuerda a los sueños de angustia de los que hablaba Freud en relación a los veteranos de guerra. El decía que soñaban esos sueños de escenas terribles, para gastarlas y que finalmente eran sueños terapeuticos. Bueno, no las aburro más. Excelente texto!!

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    1. Javier, te agradezco tu atenta lectura.
      Yo también, después de escribir el artículo me quedé pensando en la repetición como fórmula para provocar la risa. Es muy interesante porque, por ejemplo en el cine cómico, la repetición es uno de los mecanismos que se utilizan, evidentemente no en cualquier momento, no de cualquier modo, no en cualquier situación. Justamente estaré investigando, para el próximo trabajo, acerca de la producción de los chistes porque -y aquí me apropio de las geniales palabras de ese niño- me resultan misteriosos, me generan muuuuuucha curiosidad.
      Un gusto recibirte en nuestro blog
      Paola.

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  2. Me pareció fuerte la pintura sobre la risa, hay algo allí de lo sexual que es risible. Y como eso no es sin lengue lengue ... Ni modo, bicho que habla el hombre.
    La cita a Lacan, hace referencia a Aristóteles, a la poética, no te parece una alusión directa al libro perdido?
    Adrián

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    1. Estimado, le agradezco su "amigante" lectura.
      La pintura tiene algo más bien inquietante para mi gusto, pero algo en más se deja entrever allí. ¿Qué está mirando? parece que la cosa causa cierta gracia.

      Quizá Lacan se refiera al libro perdido, pero a mí me llamó la atención cómo dirige el foco directamente a la técnica del chiste! y no pude experimentar otra cosa más que una fuerte comunión con este hombre que casi (sentí al leer la cita) me leyó el pensamiento y así acicateó mi curiosidad, mis ganas de saber. Siempre me conmueven esos encuentros y me arrancan una sincera carcajada.
      Un gusto enorme recibir sus comentarios.
      Paola

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  3. Me gusta mucho lo expuesto y me parece genial la pintura.
    Es posible pensar en este sentido la catarsis como un modo de purificación, o liberación, pero también de promover claridad intelectual, ya que se gesta a partir de un discurso y no de mero gestos.
    La risa o carcajada tiene un sentido o sinsentido fundamental en el ser sujeto y en el ámbito analítico. Indudablemente con gran valor por su naturaleza y espontaneidad en la clínica de niños y también en los adultos.
    Ana Inés Crosa.

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    1. Ana, me gusta eso de la claridad intelectual, porque lo leo como la posibilidad de abrir otras ventanas por las que mirar, como la posibilidad de que "eso" genere nuevos pensamientos y vaya si serán ventanas los pensamientos!
      Qué lindo tertuliotear contigo en el blog!
      Paola

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