Mostrando entradas con la etiqueta Diario de lectura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diario de lectura. Mostrar todas las entradas

Pessoa, ¡qué viaje!

Por Mayra Nebril

Algunos fragmentos del Libro del desasosiego nos ponen a conversar mucho en Langue Lengue. Pessoa con sus afirmaciones contundentes, recorta temas que dividen posiciones. En su fragmento 138, del cual hice un recorte a su vez para poner el foco en el asunto que me interesa, deja plantedo: ¿viajar o no viajar?, ¡esa es la cuestión!

Nos obligó entonces a darle cuerpo a las opiniones, a buscar filósofos, escritores, pintores aliados, que nos ayudaran a contraponer, a definir cómo decir, a descubrir por qué nos dejaba frente a reacciones viscerales con sus sentencias, e incluso preguntándonos ¿qué es lo que realmente pienso de esto?

¿Qué significa viajar, y para qué sirve? Cualquier ocaso es el ocaso; no es necesario ir a verlo a Constantinopla. ¿La sensación de liberación que nace de los viajes? Puedo experimentarla saliendo de Lisboa y yendo hasta Benfica, y experimentarla de modo más profundo que quien va de Lisboa a China. Porque si la liberación no está dentro de mí, no está, para mí, en ninguna parte…

Quien cruzó todos los mares cruzó tan sólo la monotonía de sí mismo. Yo ya crucé más mares que nadie. Ya vi más montañas que las que hay en la tierra. Pasé ya por más ciudades que las existentes, y los grandes ríos de ninguno de los mundos fluyeron, absolutos, bajo mis ojos contemplativos. Si viajara, sólo encontraría la débil copia de lo que ya había visto sin viajar…

¿Qué puede darme China que mi alma no me haya dado ya? Y, si mi alma no me la puede dar, ¿cómo ha de dármelo China, si es con mi alma como veré China, si es que la veo? Podré ir a buscar riqueza a Oriente, pero no riqueza de alma porque la riqueza de mi alma soy yo mismo, y yo estoy donde estoy, con Oriente o sin él.

Entiendo que viaje quien sea incapaz de sentir. Por eso son tan pobres siempre, como libros de experiencia, los libros de viaje, valiendo tan sólo lo que valga la imaginación de quienes los escriben. Y si quien los escribe tiene imaginación, tanto puede encantarnos con la descripción minuciosa, fotográfica a modo de estandartes, de paisajes que imaginó, como con la descripción, forzosamente menos minuciosa, de los paisajes que creyó haber visto. Somos todos miopes, excepto para dentro. Sólo el sueño ve con la mirada.    
Pág 147/48 Libro del desasosiego      

Los viajes.
En la última semana hemos hablado mucho de viajes, de los internos y de los externos, de la posibilidad de conocer cosas –nuevas- que nos permitan cambiar de opinión, de perspectiva, de modo de pensar, ¿o no?, ¿no son las cosas?, ¿ni las personas?, ¿todo se trata de y transcurre en el interior de uno mismo?

Pessoa y su ensimismamiento, ¡cuántas interrogantes!

¿Será que no es necesario moverse para que las cosas cambien?, a veces sí, a veces no, o quizás incluso depende de para quien, ¿toda posibilidad de transformación está en uno mismo?, como semilla, quizás, pero ¿qué valor tiene el otro, como otro distinto, ajeno para que la cuestión prospere en un sentido o en otro?, ¿qué valor tiene la experiencia de ir y volver, la experiencia de buscar, la experiencia de pasar por determinados lugares, de pasar por otro/s?, ¿qué lugar otorgarle a lo que encontramos?

Viajar, encontrarse con cosas desconocidas, desprenderse del lugar propio, del lugar común, de las certezas -ficticias o no- de lo cotidiano, descubrir lenguas, sabores, olores, temperaturas, colores, nuevos modos de ordenar las mismas cosas de siempre, asuntos inauditos-inauditos en todos sus sentidos, inauditus- músicas, sonidos callejeros, conocer gente, cambiar el contexto, los pretextos, poner al yo en otras circunstancias.

Me cuesta darle crédito a la pregunta ¿de qué sirve viajar?, porque es obvio que hay un placer en juego, uno viaja y se divierte, también se aliviana, y sobretodo descubre. Entonces, ¿cómo puede Pessoa desconocerlo? No lo desconoce, en verdad dice que esos descubrimientos sería uno capaz de hacerlos sentado en el living de su casa. ¿Tendrá razón?

Claro, de pronto comprendí que ¡esta afirmación tiene historia, éste ha sido un tema para la filosofía desde Aristóteles, pasando por Locke, Kant, Heidegger, hasta Deleuze! Los objetos, los sujetos y los modos de acceso al conocimiento. No soy gran conocedora de filosofía y los pocos conocimientos que tengo están enredados en una nube que enmaraña nombres y tiempos, así que dado el interés que el tema me despertó fui a picotear lecturas en las que se reseñan autores, historias de la filosofía, y síntesis de ese tenor que me pudieran refrescar cómo es que se dividen las aguas acerca de si hay una esencia, una forma a conocer en las cosas, y por lo tanto habría un conocimiento singular a realizar, de ese sujeto con esa cosa en particular, por lo tanto viajar estaría recomendado-es una suposición, claro está- por ejemplo por Aristóteles que podría haber afirmado Venga a Grecia, encontrará la esencia de unas cuantas cosas y ya no será el mismo que antes de viajar.

Pero la pregunta se recortó con más fuerza en la modernidad, ¿todo lo que conocemos y podemos llegar a saber nos llega por los sentidos?, ¿o por estructuras de conocimiento, de pensamiento previas a lo que vamos a percibir?, ¿o será en el intercambio posible entre ese sujeto y ese objeto, en un orden histórico dado, que surja una idea producto de esa experiencia?

Si los objetos no son realidades independientes del que mira, si percibir es una actividad, el sentido estaría en el sujeto no en las cosas, ¡una revolución!, el asunto es lo que el sujeto puede concluir del objeto, entonces ¿para qué va a venir?, ¡quédese, ahorre dinero y energías, concéntrese en descubrir lo que ya está en usted, con eso será suficiente, además no hay más, así que póngalo en su mundo y estese quieto! De hecho dicen que Kant jamás se movió de su pueblo, -a diferencia de Pessoa cuya infancia lo llevó a aventurarse en otras tierras,- se quedó en su ciudad y mantuvo las rutinas como modo riguroso de vida. Kant y Pessoa, con más de 100 años de diferencia entre uno y otro, sostienen que es imposible contactar con las cosas en sí mismas, por lo tanto uno es capaz de descubrir lo que vaya a ser capaz de descubrir sin moverse del living o el sótano de su casa.

Podemos decir también, tomados de la mano de Heidegger, que el ser-en-el-mundo tendrá que lidiar con las posibilidades que se abren cotidianamente para cada quien, posibilidades que definen el sentido de las cosas, posibilidades que tomamos o descartamos, pero siempre teniendo a la vista que una sola posibilidad es absolutamente cierta, ¡la muerte!, la temporalidad. Así que, ¿viajar o no viajar?, ¡viaje!, salga de la mediocridad de la rutina, vaya a conocer otras culturas, elija otras lenguas, el lenguaje es la casa del ser, poetice, descubra lo mismo una y otra vez, lo mismo ¡su muerte! que seguro está ahí, pero es una buena idea tomar esa posibilidad que lo llevará lo más lejos que esté a su alcance, para que sea allí que lo encuentre-si es al regreso mejor, por supuesto-la muerte.

Supongo que puedo también decir, Dele al yo nuevas circunstancias, ¡Viaje a la China!, o porque no explicarle: Póngase en marcha, sólo allí acontecerá eso y no otra cosa, por lo tanto –aun no siendo seguro que el acontecimiento sea placentero-, con seguridad no será el mismo que si estuviera echado en el sillón de su casa.


En conclusión, si es que tal expresión aplica a esta sucesión de párrafos que al mejor estilo Cantinflas, ¡Ahí está el detalle!, ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario, puedo asegurarles que aún sin saber bien en cuál de todos los argumentos me apoyo, puedo afirmar que no es lo mismo ir a China que no haber ido, y lo digo sin conocer Oriente, lo sentencio desde el teclado de mi computadora que por ahora está en un rincón del comedor de mi casa.

Metáforas del desasosiego

por Elianna Pascual

“Estas páginas, en las que voy haciendo anotaciones con una claridad que para ellas perdura,
las acabo de releer y me interrogo. ¿Qué es esto, para qué todo esto?
¿Quién soy yo cuando estoy sintiendo? ¿Qué es lo que muero cuando soy?
Como alguien que desde una gran altura intenta distinguir las vidas de un valle,
así yo me contemplo desde una cima y soy, con todo lo demás,
un paisaje indiferenciado y confuso.” (63, pág. 77)

Quiero leer a Pessoa y jugar y reírme, porque Pessoa me hace entrar en esa especie de tragedia que termina siendo una rayuela, si habla él o si habla el heterónimo o cómo definir un heterónimo a partir de él, o cómo definir el Estilo. Quiero hacer como la avioneta del sueño que por fin despega, en el tercer intento lo logra. Acá va mi segundo intento con Pessoa, quiero creer que tendré una oportunidad más con ustedes. Quiero despegarme de Pessoa pero con él, como si por fin reivindicara esta realidad más real y más mediocre de lo que tantos quisieran, pero tanto más coherente por cierto, de lo que algunos otros pudieran aspirar.

Revisando lo leído y subrayado en este primer tercio del libro, me propuse buscar la definición más exacta –para mí, en este hic et nunc-, de Desasosiego. Por ahora he encontrado varias pero voy a tomar arbitraria y subjetivamente dos, una que comporta un párrafo y otra que comporta una imagen.

  • El párrafo
“El cansancio de todas las ilusiones y de todo lo que hay en las ilusiones–su pérdida, la inutilidad de tenerlas, el pre-cansancio de tener que tenerlas para poder perderlas, la pena de haberlas tenido, la vergüenza intelectual de haberlas tenido sabiendo que tendrían un final así.” (68, pág. 81)


  • La imagen que para mí representa una gran definición semiótica del desasosiego, es el título que aparece en el apartado 66 de la página 78                                                                                                                  “ENCOGERSE DE HOMBROS”
Busqué una imagen que mostrara lo que veo yo cuando me imagino una situación tan desasosegante que produce esta conmoción corporal, que aparece antes que la palabra; una expresión tan humana y tan inevitable que cualquiera sería capaz de ver y de entender. Y encontré este dibujo que tomo prestado de http://sp.depositphotos.com/73589553/stock-illustration-comic-cartoon-man-shrugging-shoulders.html


Me gusta leer textos y encontrar figuras literarias. Y hallar el entimema. Me apasiona descubrir los diversos usos que se puede dar a una palabra. El estricto, el figurado. El etimológico, el menos usado, el lugar común. Y tantas posibilidades más. Recuerdo que la primera palabra que me detuvo en la lectura del Libro del desasosiego fue resignar. Era verano y Paola, Mayra y yo emprendíamos nuestras primeras impresiones en torno al texto de Soares. Recuerdo que conversamos mucho sobre el párrafo donde aparecía este término, hasta que Joan Corominas nos iluminó con su sabiduría.











En la búsqueda de resignar, Corominas nos envió a signar, y de allí a seña. Utilizada en un sentido estricto, la palabra es de la época de las carabelas de Colón, quiere decir “anular” o propiamente “romper el sello que cierra algo”. Después de constatar esto, me pregunto cómo fue que terminamos usándola como la usamos hoy en día.
Si intento preguntarme, desde una óptica de la literatura, qué significa esto, creo que debería responderme: esto es un juego. Como la Rayuela. O como armar un puzzle gigante. El desasosiego de Pessoa, lejos de desahuciarnos nos sumerge en un laberinto de sentidos cada vez. Interminable embrollo. Con sentidos exquisitos por cierto.


Las figuras literarias son otro ejemplo, otra manera de jugar. En las cien primeras páginas de Pessoa encontré, hasta ahora, tres distintos arreglos de figuras literarias: aquellas que abarcan un enunciado, las que abarcan un párrafo o más y cuyo entimema es una figura retórica, y las que implican una imagen. Me divierte mucho sumergirme en este desafío cada vez que leo o releo cada párrafo de Pessoa. Y si bien temo equivocarme, voy a compartir, a continuación, algunas fichas de este puzzle que se va armando para mí.

Para terminar, voy a dejarles un link. Es curioso advertir ahora que la oportunidad en que hablamos puntualmente de las Figuras Retóricas en nuestro blog fue para reflexionar sobre El Humor. En esa oportunidad tomamos prestadas las definiciones que proporciona el Diccionario enciclopédico de las ciencias del lenguaje, de Ducrot y Todorov. El libro del desasosiego es, a partir de ahora y hasta que alguien agregue algo distinto, la prueba de que todo texto en el que se produce humor tiene algún recurso literario pero, no necesariamente todo texto literario produce risa. http://languelengue.blogspot.com.uy/2013/09/elocutio.html

He elegido algunos fragmentos del Libro del desasosiego para proponerles un juego. La idea es que ustedes cuenten qué figuras retóricas ven en ellos. Algunas de las que yo veo son sinestesia, hipálage, y oxímoron… ¡A ver si me cuentan dónde las ven ustedes, también!

  • “En mi corazón hay una paz de angustia, y mi sosiego está hecho de resignación.” (3, pág. 19)
  • “Siento. Tengo frío de fiebre. Soy yo.” (67, pág. 81)
  • “Con lentitud, el pestañar azul blanco de una luciérnaga va sucediéndose a sí mismo. En torno a ella, oscuro, el campo es una gran ausencia de ruido que huele casi bien. La paz de todo duele y pesa. Un tedio informe me ahoga.” (50, pág. 59)
  • “Todo me cansa, incluso lo que no me cansa. Mi alegría es tan dolorosa como mi dolor.” (80, pág. 93)
  • “Una tristeza de crepúsculo, hecha de cansancios y de renuncias falsas, un tedio de sentir alguna cosa, un dolor como de un sollozo detenido o de una verdad conseguida. Se extiende por mi alma desatenta este paisaje de abdicaciones–bulevares de gestos abandonados, altos macizos de sueños ni siquiera bien soñados, inconsecuencias, como muros de boj separando caminos vacíos, suposiciones, como viejos tanques sin surtidor vivo, todo se enmaraña y se visualiza pobre en el desaliño triste de mis sensaciones confusas.” (47, pág. 57)
  • “Con estas reflexiones me consuelo, ya que no puedo consolarme con la vida. Y el símbolo se me funde con la realidad cuando, transeúnte de cuerpo y alma por estas calles bajas que van a dar al Tajo, veo los altos claros de la ciudad resplandecer, como la gloria ajena, con las luces diversas de un sol que ya ni siquiera está en su ocaso.” (73, pág. 87)
  • “Este mar es agua salada. Este ocaso es comenzar a faltar la luz del sol en esta latitud y longitud. Este niño, que juega delante de mí, es un montón intelectual de células–más aún, es una relojería de movimientos subatómicos, extraño conglomerado eléctrico de millones de sistemas solares en miniatura mínima.” (58, págs. 70-71)
  • “Crecen árboles, pero a su sombra hay bancos. En su alineación de cara a los cuatro costados de la ciudad, allí sólo plaza, los bancos son mayores y casi siempre tienen abundancia de poca gente.” (67, pág. 80)
  • “El aplauso llega hasta el cuarto piso donde vivo y choca con el mobiliario tosco de mi cuarto barato, con la ordinariez que me rodea y me humilla de la cocina al sueño.” (54, pág. 65)
“Soy como alguien que busca al azar, no sabiendo donde se ocultó
el objeto que nunca le dijeron lo que era. Jugamos al escondite con nadie.
Hay en algún sitio un subterfugio transcendente,
una divinidad fluida y solo oída.” (63, pág. 77)

La felicidad, diario de lectura del Libro del desasosiego

Por Mayra Nebril



"Esos son felices porque les es dado el sueño mentido de la estupidez. Pero a los que como yo tienen sueño sin ilusiones #" Fernando Pessoa - Libro del desasosiego

Avanzo en la lectura del Libro del desasosiego entre tropezones, entusiasmos y empalagues. Hay veces que la desolación es un sitio al que le repelo, momentos en que Pessoa queda abandonado en un rincón del consultorio fumando ese cigarro siempre mal armado; pero también llegan los días en los cuales sus páginas me tientan al ofrecerme la lucidez de sus ideas, siempre buscando las entrañas del mundo para comprender sus mecanismos, anhelo acompañarlo pero él me responde reticente No hay sosiego-y, ¡ay de mí!, no hay ni siquiera deseo de tenerlo… (Pág. 52)

A veces su desasosiego me resulta una caricatura casi tan elocuente como la felicidá de Palito Ortega, se vuelve su reverso, es un contrasentido compararlos probablemente, pero después de sumergirme un buen rato en sus hojas me ha llegado al recuerdo aquel joven de traje blanco cantando junto a una orquesta y su coro de tres entusiastas damas, La felicidá ah ah ah ah, de sentir amo or or or or, y aun tratándose probablemente de una defensa -maníaca o melancólica, vaya a saber uno diferenciar en esos cantos-, que esgrimo frente al desasosiego consistente del Libro, dejaré que otra vez sea Pessoa quien responda a la ofensa con la que lo invisto, Ah, pero cómo desearía lanzar al menos en un alma un poco de veneno, de desasosiego, de inquietud. Eso me consolaría en parte de la nulidad de acción en la que vivo. Pervertir sería el fin de mi vida. Pero, ¿vibra algún alma con mis palabras? ¿Se oye a alguien además de mí?- (Pág. 78)

Sí, tarea cumplida, Pessoa. Envenenada, pervertida y en esta ocasión mirando desde cierta distancia tu desasosiego.

¿Cuál es el matiz peculiar de la soledad y la infelicidad -requisito para la producción sesuda, sabia, sensata- en el Libro del desasosiego? Lo interrogo con ironía, claro está, ya que de hecho es este un tópico en la escritura: la desgracia solitaria como motor y fuente de producción, ¿es así? A veces, muchas veces, pero no siempre.

Saramago dice, Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz no sería escritor, pero al leer a Saramago, al menos así me ha sucedido a mí, no se siente el ensimismamiento como única posibilidad, hay otros, hay ideales, hay infelicidad, desasosiego, solidaridad, amor; Felisberto Hernández le escribe-preocupado también por el origen de sus creaciones- a Supervielle, Tal vez no pueda ser más un escritor, pues he encontrado la felicidad, pero tampoco leo en sus textos un encandilamiento con la desolación, allí hay lujuria de ver, oler, sentir, hay personajes y sucesos; Margueritte Duras, quizás un ícono de cierto desasosiego escribe Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad casi total y descubrir que sólo la escritura te salvará. No tener ningún argumento para el libro, ninguna idea de libro es encontrarse, volver a encontrarse, delante de un libro. Una inmensidad vacía. Un libro posible. Delante de nada. Delante de algo así como una escritura viva desnuda, como terrible, terrible de superar, en ella se siente especialmente vivo el desasosiego, late, se estremece. Cada uno formula a su manera este asunto tan importante, que es el mismo y es cada vez tan distinto, el sitio en el que se encuentran la soledad, el otro, la infelicidad, el vacío, la escritura.

En Pessoa, tal como lo voy siguiendo, tal como me va inquietando y envenenando, el desasosiego cobra un brillo peculiar, muestra la hilacha de disfrute, tanto es así que a veces me empalaga como una cucharada sopera de dulce de leche repostero, firme, concentrado. La distancia entre el pensar y el sentir es grande, la preocupación por esa distancia es constante también, me gusta cómo lo trabaja, pero ese alejamiento me deja sesudamente parada frente a los asuntos más viscerales.

Vaya aquí una buena cucharada para que lo paladeen un poco…

En mi corazón hay una paz de angustia, y mi sosiego está hecho de resignación. (Pág. 19)
Reconozco, no sé si con tristeza, la sequedad humana de mi corazón. Vale más para mí un adjetivo que un lamento real del alma.(Pág. 39)
Vivir una vida desapasionada y culta, al relente de las ideas, leyendo, soñando, y pensando en escribir, una vida suficientemente lenta como para estar siempre al borde del tedio, lo bastante meditada para no encontrarse nunca con él. Vivir esa vida lejos de las emociones y los pensamientos, sólo en el pensamiento de las emociones y en la emoción de los pensamientos. (Pág. 55)
"Esos son felices porque les es dado el sueño mentido de la estupidez. Pero a los que como yo tienen sueño sin ilusiones #" 
Si me preguntarais si soy feliz, os respondería que no lo soy.
Sólo la infelicidad eleva- y el tedio que desde la infelicidad curtimos es heráldico como el ser descendiente de héroes remotísimos… (Págs. 74/75)
Es noble ser tímido, ilustre no saber actuar, grande no tener maña para vivir. Sólo el Tedio que es un alejamiento, y el Arte que es un desdén, doran de algo semejante a la alegría nuestra #
Lo que creo que produce en mí el sentimiento profundo, en el que vivo, de incongruencia con los otros, es que la mayoría piensa con la sensibilidad, y yo siento con el pensamiento. (Pág. 84)

Para hacer justicia a su escritura, y también a mi lectura, debo resaltar que descubro su genialidad en la marca registrada del tinte desasosegado que se convierte en un adjetivo, -pessoano, pessoense, en fin no sé cómo es que le llaman los expertos-, en ese matiz, tan suyo, en el que hornea el desasosiego, a los otros, la vida; un lugar desde el que pone a brillar la melancolía, la infelicidad y lo comparte- en esos días en que uno está pronto para encontrarlo-con sus lectores.

                                           Continuaré leyendo y escribiendo mis apreciaciones, ¡hasta pronto! 

Comienzo

Por Mayra Nebril
En realidad, a la ida, me perdí en meditaciones abstractas, viendo sin ver los paisajes acuáticos que me alegraba ir a ver, y a la vuelta me perdí en la fijación de estas sensaciones. No sería capaz de describir el más pequeño pormenor del viaje, el más pequeño fragmento de cosa visible. – pág 29- Libro del desasosiego, Fernando Pessoa.
En la librería en la que encontré mi Libro, el vendedor muy seguro me dijo que había uno disponible, le respondí que en varios comercios tenían la sensación de que aún les quedaba algún ejemplar y después no aparecía.
-Lo sé porque acá lo leemos a diario. Abrimos en una página cualquiera y leemos ese fragmento.-Efectivamente lo trajo y lo compré.
¿Leer a Pessoa como se lee el horóscopo? ¡Qué idea arriesgada tratándose del Libro del desasosiego! –pensé. Pero a la vez al sumergirme en la biografía sin acontecimientos, sin nexo, ni deseo de nexo, esa historia sin vida -parafraseando a Soares- supe que era una tentación no seguir la secuencia, no hay una trama, no hay antes, durante y después, entonces podía ser una buena idea pedirle a Pessoa que cual oráculo nos ofreciera un tema del que ocuparnos al menos por un rato….
Lo primero que se subrayó para mí al zambullirme en su ambiente, en su forma, fue que iba leyendo palabras, conceptos, abstracciones, meditaciones certeras, algunas brillantes, ideas soberbias, incluso de esas que parecen inaugurar un nuevo sendero en el pensamiento, pero no veía a través de sus ojos, los párrafos no arrojaban imágenes, ni olores, ni me paseaban por ningún lugar, o muy pocas veces-para no exagerar.
Eso me llevó a reflexionar sobre la relación de la literatura con las imágenes, y a buscar una cita que recordaba haber marcado en el libro Conversaciones con Mario Levrero, texto en el que hablan con Pablo Silva Olazábal y un contundente Levrero responde: “La literatura propiamente dicha es imagen. No quiero decir que haya que evitar cavilaciones y filosofías y etcétera, pero eso no es lo esencial de la literatura. Una novela, o cualquier texto, puede conciliar varios usos de la palabra. Pero si vamos a la esencia, aquello que encanta y engancha al lector y lo mantiene leyendo, es el argumento contado a través de imágenes.” Y en la página siguiente agrega, “Si agarrás a los grandes, por ejemplo a Felisberto, recordarás sin duda cuando le levantaba las polleras a los muebles, o a la vieja que tomaba mate metiendo la bombilla por un agujero de tul. Son imágenes.” He visto a la señorita que escupe conejos en París, y me ha picado la garganta después, he observado partir al Quijote y a Sanchocon una ilusión nostálgica, he padecido el encierro agobiante de Gregorio Samsa, su desconcierto, y también viví la incomodidad, el odio, el rencor del protagonista de Memorias del subsuelo en un crudísimo invierno que nos calaba los huesos, sí, la literatura regala vívidas imágenes, ¿recuerdos?
Pero, ¿son necesarias las imágenes?, prescindir de ellas ¿nos mantiene dentro de la literatura?
Borges- en la Escuela Freudiana de Buenos Aires conversó acerca de Los sueños y la poesía–  señaló algo que me resultó muy interesante y que recordé a propósito de esta cuestión de las imágenes y la literatura, algo que deja puentes tendidos para comprender, quizás, otra forma de modelar la materia para hacer aparecer lo visible y lo enunciable:
 “Ahora, el caso de Platón es muy curioso, porque, por ejemplo uno lee ese último diálogo de Sócrates, que ha sido condenado a muerte, cuando él está hablando de la inmortalidad del alma, y él usa simultáneamente mitos y argumentos, es decir que él no se da cuenta, él podía vivir en ambos ambientes… pero en Platón todavía podían convivir las dos cosas, me parece, y después ya no, ya se ha bifurcado el pensamiento, ya o razonamos o fabulamos, es muy difícil que hagamos las dos cosas a un tiempo, y sin duda los griegos en aquel momento fueron capaces de ambas actividades, y ahora si somos capaces de pensamiento abstracto no somos muy capaces de sueños, o viceversa, y cuando el poeta razona se siente que está haciendo algo indebido, y cuando un pensador usa parábolas o metáforas, también sentimos que está haciendo algo vedado..”
Pensar o sentir, escribir ensayos o escribir literatura, pensar en imágenes o razonar, soñar o disertar, crear metáforas o seguir un método, ¿y Pessoa dónde queda?
Sé que hay libros que son ventanales abiertos a mundos muy visibles, vivibles, otros- quizás- tienen las aberturas tapiadas para que vayamos hacia un interior oscuro, con la luz apagada-el desasosiego queda probablemente en algún sitio en la penumbra- un espacio en el que me siento tentada de encender la luz, pero temo encontrarlo a Soares en paños menores, o peor aun sonriendo y muy contento.
Quisiera en este diario de lectura que comienzo, lograr algo pequeño pero no por eso poco ambicioso, reflejar lo que voy pensando, sintiendo, asociando a partir de lo que me propone el Libro, Soares y Pessoa.
Hasta pronto.


Lectoras del Libro del desasosiego


Uno de los primeros días del año, en nuestro grupo de whatsapp, comenzamos a intercambiar opiniones sobre el formato “diario íntimo” como género literario. Usamos a Vila-Mattas, Levrero, Virginia Woolf, M. Duras para envalentonar nuestros mensajes, hasta que por fin arribamos al Libro del desasosiego, escrito por Bernardo Soares, heterónimo de Fernando Pessoa.
¿Se trataba de un diario íntimo?, ¿de una autobiografía?, ¿en qué se diferencian una y otra cosa?, ¿quién escribe el Libro del desasosiego y para qué? Esa misma semana trazamos un plan de lectura conjunta, debíamos conseguir los tres ejemplares del Libro -siete días, caminatas por Tristán Narvaja, un par de llamadas, y teníamos los  desasosiegos listos-; restaba esperar a ver qué nos deparaba Fernando Pessoa, traducido al español por alguien llamado ¡Perfecto Cuadrado!, sí, ese el nombre del traductor en la edición de Acantilado, una garantía de calidad.

Pasados los días y las páginas decidimos escribir un Diario de lectura, nos gustó la idea de dejar escritas las impresiones, asociaciones, desacuerdos, alborotos de ideas, y por supuesto, los desasosiegos que el Libro nos trajera.

Ojalá contemos con los comentarios de otros lectores: de Pessoa, de diarios íntimos, de los párrafos semanales que vamos a ir subiendo.

Diario de lectura

                                                                                              Por Elianna Pascual

                                                                                            “Atravieso tiempos, atravieso silencios,
                                                              mundos sin forma pasan a través de mí.”

                                                                                                  Fernando Pessoa

Leer a Pessoa siempre me había parecido una empresa extrañamente misteriosa, tal vez porque, hasta hace poco, sólo me había acercado a él a través de algunos poemas y, a su nombre, a través de otros nombres; el trayecto que debía recorrer mi razonamiento para llegar hasta él me parecía siempre una aventura oscura, a veces una barca antigua navegando en mares habitados por lo extraño, lo desconocido, y lo no siempre bien querido o deseado.
El Libro del desasosiego me sumergió en un mar profundo, hasta ahora menos aventurero de lo que yo esperaba y más lúgubre de lo que yo temía.

Creo que me equivoqué con Pessoa –como tal vez me equivoque al elegir nombrarlo a él y no a Soares–. La sorpresa, muchas veces desconcierto, ha sido, empero, interesante y atrapadora, y en este momento siento que vale la pena el naufragio en el desasosiego si puedo producir una bitácora.

“No sé pensar, del sueño que tengo;
no sé sentir del sueño que no logro tener.”
Creo que en esta frase queda evidenciado el sentido del desasosiego, la simpleza y el juego de palabras le han dado al Libro la universalidad y la contemporaneidad que sólo hallan los clásicos.

Agradezco lo que dice Pessoa como si me pasara a mí de esa misma manera, quien esté a salvo del desasosiego que tire la primera palabra.
Quiero decir que a veces también me canso de esta humanidad tan humana, esta gramática del desconsuelo, la vigencia empecinada, anquilosada en el medio de una normalidad tullida, como un mudo y sostenido grito.

No sé si sea por el halo de grandilocuencia que comporta desde cada uno de sus grafemas la palabra desasosiego, yo creo que eso es imposible de evitar, aunque no es el único sentimiento ineludible. Quiero decir que Fernando Pessoa logra captar toda la empatía en mí, y esa es una constatación que puede ser muy dolorosa a veces, y que, aun en el más profundo malestar logra propiciar un movimiento, un acto creativo, un cambio de significado.

Páginas vistas