Textos sin Dios

Voy a escribir un texto polémico. Lo sé, y lo acepto de antemano. Decido jugármela. Así sin más y cruzo los dedos. 

No creo en Dios. Ni en el macro Dios que gobierna el mundo y La verdad, y ve todas nuestras acciones, ni en el más modesto Dios del texto, el Autor, ambos proveyendo al texto (libro o mundo) de un sentido que lo significa todo, al modo de “un secreto” que eventualmente podríamos descubrir, nosotros, los lectores (del texto y del mundo). Algo de esto ya lo dijo Barthes en “La muerte del autor”. 

La lengua que nos atraviesa y nos hace sujetos es la que nos convierte en lectores. Leer es, en buena medida, interpretar. Interpretamos los signos de la lengua, utilizando todos los mecanismos que ésta nos provee (ya sea de manera directa o como ruptura), entre ellos, los más famosos: la metonimia y la metáfora. Nuestro mismo inconsciente los utiliza para hablar en los lapsus, los sueños, los síntomas, los chistes, ya que la censura le impide hacerlo directamente –como nuestro pasado reciente nos ha demostrado, las censuras se burlan con poiesis– , textos que el psicoanalista lee de otra manera utilizando esos mismos procedimientos provistos por la lengua, aunque su lectura deba ser al pie de la letra, dejando fuera el sentido, y él mismo se convierta en instrumento mediador que devuelva el texto al autor, su analizante, para que éste pueda leer lo que escribió sin saber, viendo aparecer frente a sí sentidos que el analista y él desconocían. 

La lengua es polisemia. Como lo indicara Lacan, un significante de la lengua, no tiene adherido un significado, no es un pequeño Dios, no se autocontiene. Un significante no significa nada, hasta que no venga otro significante a significarlo, y así sucesivamente. El sentido es un efecto. Un efecto que se produce en el desplazamiento de la cadena. Así en: 
Apenas ella lo tocaba
Apenas ella lo tocaba él acababa
Apenas ella lo tocaba él acababa de salir de la ducha y corría semidesnudo a abrirle la puerta.
Cuando uno avanza en la cadena, va modificando los sentidos en base a los significantes que siguen y podemos concluir pensando en que seguramente lo que ella tocaba era el timbre. Por lo menos hasta seguir leyendo y algún otro significante desbarate esa hipótesis (a mí se me ocurrió el timbre; a lo mejor a vos se te ocurrió otra cosa). De pronto ella estaba con él en el baño, y él no quería ser tocado por ella y entonces salía corriendo a abrirle la puerta al perro para que saliera a hacer sus cosas. Pero de pronto, para vos, no es que él no quería ser tocado por ella, sino todo lo contrario, moría de ganas, pero moría de miedo de que aquello no se izara. O de pronto, salía corriendo a abrirle al perro, para que no los estorbara después de que ella lo tocara (porque leía que a lo mejor también él querría ser tocado). De pronto el texto lo aclara más adelante. Pero si lo hace, no puede aclarar otros sentidos que a mí o a vos se nos ocurran luego. El sentido no se detiene, hasta que aparece un punto a modo de cierre provisorio, que permita descansar, y resumir. Pero ni siquiera ese punto detiene la diseminación del sentido. Ese punto establece tan solo un stop en el juego, un “hasta acá”, como cuando para la música y todos los que corrían en ronda en torno al conjunto de sillas en semicírculo -del que se extrajo una-, deben sentarse en la que encuentren vacía. Falta una. Está fuera del conjunto. 

Pero incluso en el “hasta acá” del punto final, que concluye el texto, queda sonando una polifonía de sentidos, que no tiene cierre, porque en mi cabeza se continúa, con otros significantes que extraigo de mi historia. Seguro a vos se te ocurrió alguna otra posibilidad que incluye o no al perro que yo me imaginé, en la culminada frase de arriba. No hay texto que pueda fijar el sentido. Es así que no hay “un secreto” del texto, un sentido último. 

Cito a Barthes, en algo que aplica tanto a la escritura literaria como a la que hace mi inconsciente: 
En la escritura múltiple, efectivamente, todo está por desenredar, pero nada por descifrar; puede seguirse la estructura, se la puede reseguir (como un punto de media que se corre) en todos sus nudos y todos sus niveles, pero no hay un fondo; el espacio de la escritura ha de recorrerse, no puede atravesarse; la escritura instaura sentido sin cesar, pero siempre acaba por evaporarlo: procede a una exención sistemática del sentido.
Puede existir un sentido para el autor de un texto literario, pero a poco de pensar, se descubre que tampoco eso es posible. Basta que el autor se coloque un tiempo después como lector de su texto, para que aparezcan en su horizonte nuevos sentidos, de los que no había sido consciente en la lectura-escritura anterior. Porque también para el texto de su vida el sentido corre, diseminándose con cada tic tac del reloj. Y el sentido no es algo que se forme sin los pre-textos, los co-textos, y el timón del deseo, único Dios en el que creo, en el mundo de mi cuerpo, que es en el único mundo donde la lectura liberada es posible. El de los cuerpos. 

Leer es, en buena medida interpretar. Es ver aparecer sentidos sobre un fondo de sinsentidos, que nunca quedan estáticos. Como esas imágenes fijas que uno mira y al cabo de instantes, empiezan a bailar ante nuestra vista, y no damos crédito de ese efecto visual. El sentido es un efecto de lengua

Yo miro una imagen, un cuadro, por ejemplo, y aparecen palabras en mi conciencia. Empieza a bailar la imagen, y de pronto estoy pensando vagamente en un recuerdo de infancia, o de un sentimiento que tuve con aquel novio, o en un vacío que dos por tres irrumpe, y si bien me creo que no son palabras las que aparecen, también son palabras las que aparecen. Estoy siguiendo mis asociaciones mentalmente, me estoy haciendo una historia, fragmentaria , no lineal, no cronológica, al mejor estilo narrativo posmoderno. 

Voy caminando por la calle, paso al lado de un árbol, lo miro, veo que el tronco tiene unas grietas que parecen dibujos y pienso “el árbol tiene unas grietas que parecen dibujos”. Pienso en los dibujos. Me estoy narrando algo. Estoy creando sentido en el sinsentido del árbol parado ahí en la calle, que simplemente está. Vos pasás por esa misma calle, al lado del árbol. Lo ves, pero no reparás en él. No entra en tu narración. Es el fondo blanco de la hoja. Es materialidad, sí, pero esta vez no es significada por vos. No elegiste a ese árbol. Mañana volvés a pasar frente al mismo árbol. Venías pensando en la opresión que sentís porque estás atado a cosas que no querés, y no sabés cómo romper esas ataduras. De pronto ves que unos pájaros que estaban en las ramas salen volando. Y pensás “cómo me gustaría ser ese pájaro que salió volando”. Acabás de leer el árbol, metonímicamente, a través de una metáfora, porque tocó algo del texto anterior que venías leyendo-escribiendo. Yo leí el árbol, con sus dibujos, y le di mis sentidos (mis recuerdos de infancia, del novio, del vacío). Vos, esta segunda vez, leíste el árbol y le diste los tuyos. ¿Qué sentido último tiene el árbol? Nos pasamos leyendo-escribiendo el mundo, en base a nuestro deseo, para arrancarlo del sinsentido. 

Ricoeur decía que somos seres narrativos, para remarcar que la Historia es una narración. Pero aplica en el más amplio sentido. Somos seres narrativos, porque no podemos vivir sin leer, que es interpretar, que es dar sentido, que es escribir, aunque sea con tinta invisible, y aunque reescribamos a cada paso. 

La muestra más clara la dan los cachetazos de la vida que nos dejan mudos, donde todo es sinsentido. Un amigo muere. Cómo es posible. Ese amigo estaba lleno de sentidos para mí. Mi Dios Deseo se revuelve, patalea, se desgarra, y pronto constata que no tiene jurisprudencia en el azar del mundo, porque para el mundo, mi amigo es como el árbol. No hay un sentido. Hay mi sentido. Mi sentido sentido. Luego de la revuelta, mi Deseo se da cuenta de que está ahogándose en dolor, y debe salir de esa anegación y las palabras empiezan a emerger tímidamente, para volver a dar sentido al azar del mundo y volver a la lectura-escritura de la vida. Y la polisemia se dispara, y todo puede tomar otro color, y otro y otro y así sucesivamente hasta el punto final de mi texto vital, que habrá cerrado mis sentidos, pero no los de los otros que me seguirán leyendo más allá de mi punto, porque para ellos todavía hay historia. No hay que desesperar. A fin de cuentas, todo esto significa que tengo la libertad de experimentar sin culpa ni inseguridad, sin tener que medirme contra “el sentido” correcto -para poder concluir que soy genial y merezco el Cielo o que soy un verdadero trapo de piso y me iré derechito al Infierno-, esos efectos múltiples, abiertos, no clausurados, movedizos, oximorónicos, tristes y alegres, que aparecen en mi conciencia cuando leo un texto (escrito en un papel, escrito en un árbol, escrito en mi cuerpo, escrito en el viento).

Cecilia Fernández

10 comentarios:

  1. lA EXPERIENCIA AVASALLA A LA CREENCIA.
    MUCHOS ABSOLUTOS.

    "SUFICIENTE ES DEMASIADO" DICE MARY POPPINS

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    1. No entendí bien tu comentario, perdón. ¿Vos lo que decís es que en este texto ves muchos absolutos y que hay demasiada cosa metida en la misma bolsa? Creo que puede ser, ambas cosas. "Menos es más" dicen dos por tres mis conblogueras y seguramente este sea el caso. Pero esta vez me salió decir todo esto, así. Tal vez demasiado, sí. De hecho, probablemente haya mucha cosa en ese artículo super rebatible. Estoy segura que sí. Por lo que creo que decís, que hay demasiado metido junto y sin desarrollar. Faltan los eslabones. No lo he leído de vuelta (lo escribí de un tirón y "publíquese").
      Lo que me pasó con este artículo fue que quería sintetizar algunas ideas que me venían surgiendo tras la lectura de "POética del psicoanálisis" de Rosario Herrera Guido y así me salió, y después no tuve tiempo de matizar o repensar. Pero lo que pensé fue: "bueno, los comentarios harán que pueda releer, me pueda cuestionar y darme cuenta de las partes en las que pequé de hiper-simplificadora, o en las que redondamente, la cagué". De hecho me pasó con un comentario de Paola, antes de la publicación. Tenía toda la razón, Paola.
      ¡Así que gracias por tu devolución!

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    2. La palabra escrita y la palabra hablada creo que son de diferente orden, al escribir (a mi modo de ver)se entra en un proceso diferente que al hablar; hay recorridos que se traducen en una estética del texto ( desarrollo.proceso)y una coherencia a ojos visto.Como proceso puede ser interesante para seguirlo,ahora, como articulo publicado resulta confuso y vertiginoso entre lo "académico" y lo chabacano. Quedarse rumiando o en ese limbo reflexivo es como gestar y cuando es el momento de parir es el momento de parir,hay presión para salir; el cuerpo lo sabe y una lo acepta y se entrega.

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    3. es que no creo que deba necesariamente ser un proceso diferente que el hablar. Eso hace que muchas veces uno no pueda escribir, porque no está seguro, porque son sólo ideas, o reflexiones, porque no tiene claro si las está articulando bien, porque siente temor de lo definitivo que quedó escrito ahí, etc, etc. Tanta gente no se anima a escribir por cuestiones del estilo. Claro, depende del lugar donde ese texto se comparte, ¿no? Esta no es una revista académica, y lo tuve muy claro a la hora de escribir este artículo. Yo creo que un blog es un espacio a mitad de camino, que posibilita escribir un texto que no está muy trabajado. Y eso hace que no me moleste tanto que quede un texto confuso y vertiginoso entre lo "acedémico" y lo chabacano, como decís. De hecho me parece -mis compañeras me corregirán- que corresponde al espíritu de Langue Lengue poder reflexionar en voz alta y hacerlo entre muchos, a través de los comentarios y luego en las actividades presenciales, sin necesariamente compartir textos "seguros". No es que siempre salgan textos no trabajados. Seguro el próximo lo leo cuatrocientas veces antes del "publíquese". Pero la posibilidad está. Yo asumí este riesgo esta vez, y la verdad que lo hice a conciencia, así que no puedo decir mucho más. Estoy segura que a unos cuantos les habrá parecido un bodrio, no estarán de acuerdo, les parecerá lo mismo que a tí te pareció (en el adjetivo "confuso" creo que debés tener toda la razón; aunque esa no fuera mi intención), les parecerá que mi visión es obtusa, no les gustará mi estilo "chabacano" y demás etcéteras. Y está lo más bien, porque fue el riesgo que corrí. La única pretensión de este texto, era poder articular algunas ideas que andaban en mi cabeza, respecto a algunas cuestiones desde mi subjetivo lugar. Está escrito en una primera persona que se hace cargo que es ella la que cree o no cree en ciertas cosas. Me hubiera encantado que me salieran mejor articuladas las ideas, mejor explicadas, y menos confusos los nexos, y con muchos menos academicismos (lo de chabacano no me molesta ¿sabés?, salvo por la connotación negativa que muchos le dan). Y bué... diciéndolo con mi impronta, "es lo que hay...", qué se le va a hacer. Siempre está la libertad del lector de abandonar la lectura tras la primera frase, y todos contentos. Sólo espero que no abandonen el blog por eso. Uy, dicho esto, tal vez mis compañeras decidan que mejor solas que mal acompañadas... Compañeras: perdón, les hice el anti-marketing con mi artículo!! No me odien!

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  2. Texto bien armado Ceci, aunque bastante cerrado o ensimismado. Al fundamentar ciertas cosas desde la Teoría Literaria/o desde la Psicología (o juntas), la verdad es que se torna un tanto aburrido (ojo, para mi, no digo que tu texto lo sea), porque al final me queda esa sensación "definitiva" a la que creo se refiere Mariella en su comentario, que no es muy productiva, salvo que yo venga ahora y traiga mis tres autores favoritos y te haga una mega articulo refutando una cosa o todas, etc, jeje. En lo personal, como creador, no comparto esa manera de ver un tanto... Racional? Analítica? de entender la escritura o la literatura, o bien la lectura. Ovbio que da para mucho el texto y tal vez hay cosas que funcionan en este sistema de argumentos, pero que dejan de funcionar en "la vida literaria" (como se llamaba aquella revista Bonaerense de principios de la década del 10). Además, no creo que Dios o creer en Dios tenga mucho que ver con todo esto... Salvo que agarremos a San Agustin y lo cuestionemos o a los autores "cristianos", o a los filósofos cristianos, etc y los pongamos a comparecer acá para ver cómo se manifiesta ese "Dios" en los demás esritores o pensadores y no solo en uno mismo, que como digo, da para mucho la idea como para largarlo así, o acá. Besoooo! Sigo leyendo.

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    1. Gera, dado que ya tuvimos nuestro intercambio privado sobre este tema, y te conté un poco lo que le comenté más arriba a Mariella, sólo agrego que este artículo fue mi visión personal, medio a lo bestia qué le vamo' a hacer, así salió, donde pretendí hacer dialogar las reflexiones en torno a la lengua desde un punto de vista lacaniano (tal vez mal leído, en esto soy una recién llegada), a partir del texto que le contaba a Mariella, con otros textos como los de Barthes. Estoy parada en ese cruce de caminos al escribir este texto. Me faltó aclararlo. Lo otro que me gustaría aclarar es que no pretendo decir que "es así", sino que es mi apropiación, mía, de los decires de estos autores y de otros, y de todo eso funcionando en mí. Lo que digo es totalmente discutible, por todos los costados. No es un universal. Es el sentido que se forma en mí. Es cómo yo reflexiono (o reflexioné, porque estoy segura que pienso un poco y ya me doy cuenta que hay partes que no son tan así; de hecho me pasó). Pero como te dije en el chat, no es tan grave. Si no me lo tomaba como simples reflexiones sin pensar demasiado, no publicaba nada. De hecho, me parece buenísimo que en estos comentarios podamos pensar y corregir el artículo aunque sea así virtualmente. Yo me lo imaginé así. Publicándolo y después charlando vía comentarios, y gracias a la charla, dándome cuenta que ya no puedo sostener varias cosas que dije. Eso me pareció lindo y me hizo animarme a publicar un texto "no cerrado" (en ese sentido). Besos!

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    2. Ceci, im-pe-ca-ble comentario reflexivo-aclaratorio. Ese tono, esa postura, me encanta para el próximo articulo tuyo, jeje!! Besooooooo.

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    3. OB-VIO: una de cal y una de arena. El próximo va a ser una "Oda al amor", así recupero a los lectores que se me fueron ofendidos. Va a empezar diciendo: "disculpen mis sinrazones, mis nexos entreverados, mis tecnicismos frustrados, mi escritura atolondrada, soy una simple cristiana, que dijo lo que pensaba". :) besote!

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  3. Me gustò tu artìculo. Es viseral, pero no deja de lado un intento de "conceptualizar" a partir de ciertas emociones. la imagen del àrbol, traslada al lector a una intimidad reflexiva con efecto poètico. gracias por compartirlo.

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  4. Me voy a mandar una uruguayes...no he leído todo el texto...ni los comentarios...pero así, a priori...es un tema que te moviliza, es una lucha, no creo en dios??? POR QUÉ LA MAYÚSCULA, POR QUÉ ASOCIADO A LA VERDAD! SI, es una lucha, diaria y compleja...tengo que hacer y volveré para leerte

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