Despedida

por Paola Menta.

Las palabras tienen su propio tiempo para ordenarse en la frase y adquirir su poder de decir. En vano resulta apurarlas, obligarlas,  acicatearlas. Ya llegarán y con ellas algo nos será revelado.

Por suerte y mientras tanto, siempre hay alguien dispuesto a prestar palabras para arroparnos un poco cuando el frío de la muerte nos roza y nos deja, mal pertrechados, de cara al duro invierno. 
La muerte de Lía Quijano, el 21 de mayo próximo pasado, instaló con un golpe seco y sordo el silencio.

Así, mientras le permito al tiempo hacer el paciente trabajo de perforar ese silencio, me apropio de las palabras de Virginia Woolf para soportar el hasta siempre que también es nunca más.


Now is life very solid or very shifting? I am haunted by the two contradictions. This has gone on forever; goes down to the bottom of the world — this moment I stand on. Also it is transitory, flying, diaphanous. I shall pass like a cloud on the waves. Perhaps it may be that though we change, one flying after another, so quick, so quick, yet we are somehow successive and continuous we human beings, and show the light through. But what is the light?

Virginia Woolf

Psicoanálisis estético


Mayra Nebril
¿Qué es la estética? ¿Cómo se diferencia de estilo? 
La necesidad de definir en sí misma es una aventura, y se imaginarán que con un tema de semejante tamaño, más aún. Dice el diccionario Etimológico de la Lengua Castellana-para empezar por lo más básico y general- que estética es lo relativo a lo bello o artístico, susceptible de percibirse por los sentidos, facultad de percepción por los sentidos, yo percibo, yo comprendo. El mismo diccionario acerca de estilo dice tom. del lat. stilus, manera o arte de escribir, propte. Punzón para escribir, y antes estaca, tallo, yo escribo en el sentido que escribe a la manera de un estilo.

La lectura de Sigmund Freud y la lectura de Jacques Lacan son experiencias muy distintas, dan  cuenta, entre otros cosas, de dos estilos de escritura muy diversos, -ya que entiendo el estilo como algo del orden de lo individual, y a la estética como un asunto más del registro colectivo- pero también, comienzo a pensar, que ambas obras responden a dos estéticas diferentes, dos variaciones de la estética psicoanalítica.

Freud y Lacan fueron dos sujetos, cada uno con su manera de apretar el stilus, punzón, para escribir con su estilo una teoría, para tallar con manos pertenecientes a distinto cuerpo un modo de decir y transmitir; pero a su vez, cada uno estuvo ligado a la estética de su tiempo, e inventó  un modo de hacer en psicoanálisis, que no creo que responda sólo a un estilo personal, sino también a una atmósfera colectiva, una estética, una manera de percibir a través de los sentidos, en definitiva de ¿sentir?

La escritura de ambos es bien distinta, mientras que a Freud le dan el premio Goethe, distinción entre otras cuestiones por su modo de escribir, ya que funda, junto con la teoría un género literario, la literatura psicoanalítica, -un modo peculiar de relatar el caso clínico, una forma de escribir los sueños, su manera de decir sobre determinados artistas y sus producciones-; Lacan, en cambio, es considerado un autor de difícil acceso, quiere escribir con la lógica del inconsciente para que no se vulgaricen los conceptos, -como sucedió con el cuerpo teórico freudiano- quiere escribir como psicoanalista, ¿también como lo hacen los escritores de su época? Uno entra en los escritos lacanianos y parece no haber un camino trazado de antemano, -como sentimos en la escritura freudiana- es más fácil perderse, también me parece que es posible encontrar puertas a conceptos que no dibuja el mismo Lacan, ya que es una teoría viva, en movimiento.

Estilos distintos, creo que no hay duda en ese punto, pero ¿estéticas psicoanalíticas distintas?

Freud estuvo situado históricamente en la Viena de comienzos del S XX. Una Viena que se convirtió en la capital del Imperio austrohúngaro y en un centro cultural, artístico, político, de primer orden mundial. Un período cultural glorioso, es la época de los suntuosos valses vieneses, de grandes carruajes, y de los típicos cafés vieneses. Freud es hijo de la estética de su tiempo, de su ciudad, y a pesar de la conmoción que la creación del psicoanálisis introduce, el psicoanálisis freudiano tiene una estética producto de su tiempo. Freud tiene una mirada crítica, incluso desilusionada de la vida social de su ciudad, lugar en el  que Klimt y Wittgenstein hacían también historia, pero Freud se mantuvo al margen de la efervescencia que en el arte y la bohemia se producía. Tal vez queriendo preservar para el psicoanálisis el estatuto de ciencia; haciéndole espacio a la disciplina en el ámbito médico científico, con los respetos y beneficios que así se ganarían, con la estética que así se heredaría también.

El psicoanálisis en sus inicios fue una gran revolución, Freud tuvo que lidiar con lo subversivo que tal asunto resultaba para la sociedad vienesa, pero tal vez por ese mismo motivo debió mantener en muchas otras cuestiones el statu quo, manteniendo la estética de su tiempo en todo lo demás.

Lacan está situado en otro lugar, con otra idiosincrasia y en otro tiempo. Uno de alboroto intelectual y artístico, las vanguardias le son contemporáneas, él está en París en mayo del 68, la pérdida de sentido- como camino a la verdad- lo atraviesa, Freud ya inventó el psicoanálisis, y la “peste” se expandió como reguero de pólvora, incluso la narrativa se vio influenciada por tales descubrimientos y se volvió más próxima al monólogo interior de sus personajes. Sartre, Lévi-Strauss, Magritte, Duchamp, Heidegger, Barthes,  Blanchot, Foucault están pensando, escribiendo, discutiendo, al mismo tiempo. El alejamiento de la belleza es una norma; el intento de aproximación a lo sublime, otra; el arte está abriendo el mundo, cortándole un tajo. La novela experimental. Las rupturas.

¿La estética del psicoanálisis ha cambiado, entonces? ¿En qué podríamos notar el cambio estético? ¿En el modo de decir y callar- de psicoanalistas y también de analizantes? ¿O en la forma de percibir a través de los sentidos? ¿De sentir? ¿La ira, por citar un sentimiento, se siente distinta en 1900 que en 1970, se la expresa diferente? ¿Se la entiende e interpreta distinto? ¿Ha cambiado la forma de interpretar? ¿Es nuevo el encuadre que sostiene las sesiones? ¿Cómo ha variado la manera de presentar un caso clínico frente a colegas?

El tema tiene cuerda para rato, continuaré…


Los Petitás de los grandes psicoanalistas: Freud

Estimados lectores, fans y seguidores:

En esta tercera entrega quincenal, deseo entrar profunda y cabalmente en el tema por el cual Langue Lengue me ha convocado, mi dominio del Petitá, y en especial de la relación entre el Petitá y la Estética. Voy en esta ocasión, por lo tanto, a encaminarlos en la senda de Los petitás de los grandes psicoanalistas, penetraremos, juntos, la lógica fundante del psicoanálisis, esa que aún tiene sus consecuencias en el psicopetiteo del licenciado recién advenido, ese que incluso antes de enmarcar el título con dorado a la hoja y colgarlo en su consultorio, sabe, porque ha estudiado o simplemente porque lo sospecha, acerca de la existencia del mundo del psicopetitá psicoanalítico. 

Quiero en esta oportunidad, ofrecer mi vasta trayectoria a ese licenciado recién egresado, essse que quiere commmpenetrarse con sus petitás psicológicos, pero tiene dudas en la mueblería al elegir su beryerrr o al decidirse por su diván. 

Entonces, estudiaremos el sabuaarfer de los petitás, o sea, estimados seguidores, hoy nos avocaremos a los objetos del maestro, mas aquellos estrictamente relacionados con la creación de la técnica, en definitiva, los psicopetitás de Freud.

Empecemos por el principio, queridos fans, pero no por el huevo ni por la gallina, sino por El diván, el afamado psicopetitá diván, ese en el que retozaron el hombre de los lobos, el hombre de las ratas, Dora, e incluso el mismo Sigmund, ya que sé de buena fuente que el maestro sesteaba, a pata suelta y soñaba, en sus horas libres, recostado en él.


Dos preguntas surgen a cualquier psicoanalista que observe con cuidado este mueble. El primero es que tiene una alfombra sobre él, o sea, ¿esconde Freud su elección de objeto?, ¿por qué? 
No hay contacto directo con el mueble, es un misterio en sí mismo que se instala antes de que el paciente comience a hablar, ¿adrede?, ¿el padre del psicoanálisis nos invita a un acertijo?, ¿nos pide, así, que entremos en asociación libre? 
Sí, sí, definitivamente es así- queridísimos seguidores- un enigma que genera el TTsunami asociativo del que hablamos en otra ocasión. 

¡Arriesguen, digan, no teman! Háganlo, lectores. Ahora ....¿Necesitan que yo de el primer paso? Oquei, no por eminencia en el sabuaarfer de la estética del psicopetitá, dejo de saberhacer/sabuaarfer les un mimo a mis seguidores… a modo de ejemplo para que liberen las ideas, puedo ofrecerles un cómo proceder frente al enigma. No se queden ahí encandilados, procedan, suelten la lengua… 

El diván del maestro me recuerda al living de Pochola, que forraba los sillones con nylon para conservarlos mejor. O ¿sería Martha-la esposa de Freud- quien cubría el diván para evitar el roce que tanto trabajo daba quitarlo? Es un buen ejercicio, lectores, que permite otra clínica, otra ética y otreeee estéticc.

Pero, ¿qué sabemos a ciencia cierta? Ya que también tenemos que saber ceñirnos a las verdades, tan relacionadas con la estética, por otra parte. Lo que nos hace saber, con el acto de cobertura del diván, es que el contacto está SIEMPRE mediado, -eso nos quiere decir su gesto fundante- que el objeto está elevado a la dignidad de la Cosa, o sea al menos essse diván, el suyo, está elevado y no es cualquier COSA. Noten, por lo tanto, que con el diván nos hace la mostración de lo que Lacan descubriría años después en una visita a la casa -ya convertida en museo- de Freud. Se dice que Jacques miró debajo de la alfombra y quedó muy sorprendido, pero decidió hacer silencio, para sólo después escribir el aforismo.

La segunda pregunta es ¿por qué usó un diván?, ¿qué ligazón hay con su vida en esta elección ético estética que marcó una técnica, la nuestra? Sabemos que sostener la mirada, el clásico objeto petit a, durante tantas horas agotaba a Sigmund y entonces se dio maña y creó el psicopetitá diván para evitar-la, fue el invento con el que responder a la demanda del petit a lacaniano, ¿comprenden?

El petitá, siempre es creativo, ya que implica el despliegue del sujeto, de su subjetividad, y está relacionado con su historia – en el caso de Sigmund podemos, como es necesario hacer en psicoanálisis, suponer que fue la mirada fuerte de su propio padre la que desencadenó su sabuaaarfer con ella, para lograr imponer la distancia- pertinente- para hacer emerger la voz y hacer algo con ella. Crea Freud un petitá a la medida de sus petit a. ¿Me siguieron?

Además, debemos recordar que es la histeria quien le abre la historia del psicoanálisis, y fácil es saber que ellas disfrutan con el uso de divanes, con o sin alfombra.

¿Comprenden entonces cómo proceder para entrar en el análisis del nivel del psicopetitá? Encuentren primero el objeto petit a clásico, son cuatro, ¿recuerdan? Hagan algún versito que los contenga así no los olvidan más, plis. Después de detectar el objeto petit a clásico, observen el modo de lidiar con él que inventó el sujeto, -si es que tienen la suerte de conseguir un sujeto medio avispado- aparecerá entonces el petitá, y si se trata de un psicoanalista, los psicopetitás también estarán por allí. ¡Pero si es demasiado, quédense con el mundo del petitá!

Pueden- apreciables lectores amigos-empezar a pensar en la elección de vuestros divanes y beryyyers, o en los que se encuentran en los consultorios que frecuentan. Es hora de trazar suposiciones estéticas. Estética enganchada a Una, La, ética. Comprobarán cómo se abre el concepto cuando dejan que mi cuerpo, teórico, claro está, entre en ustedes. 
Pueden intentar, tal vez sea un salto osado, pero el camino del psicoanálisis implica riesgos, les decía que pueden empezar a interrelacionar el término objeto petit a común- queridos, sepan que no por ser un concepto que renové en el último tiempo, el clásico objeto petit a cae, así como existen dos lacanes, existe también el posTTTlacan, que deja vivo al objeto de Jacques y por supuesto eleva al petitá y al psicopetitá a la dignidad de alguna cosa- les decía en esta frase en su comienzo, que podían intentar relacionar al petit a simple con el petitá advenido del sabuaarfer de su propio análisis o del arte.
Trabajen, piensen, creen, orrrevuar monamis, 
Siempre suya,
 la Tía Chichita.

Acerca de la estética freudiana


por Mayra Nebril

¿Cuál fue la estética freudiana? No puedo responder a esa pregunta, pero al formularla logro hacer una pequeña asociación, -quizás evidente para algunos-, Freud recibe el Premio Goethe, premio otorgado fundamentalmente a escritores, y leyendo en serie algunos de sus textos acerca de estética -Dostoievski, Leonardo, Miguel Ángel, o el escrito acerca del mismo Goethe-  y recordando sus escritos clínicos, se percibe que hay allí un invento en su modo de hacer entre otras cosas, literatura. Freud, además de fundar el método psicoanalítico, gesta también la literatura psicoanalítica, un nuevo género literario.

Cita de Estudios sobre la histeria (Breuer y Freud) 1893-95
Apartado: Señorita Elizabeth von R. –Freud- Amorrortu editores


“No he sido psicoterapeuta siempre, sino que me he educado, como otros neuropatólogos, en diagnósticos locales y electroprognosis, y por eso a mí mismo me resulta singular que los historiales clínicos por mí escritos se lean como unas novelas breves, y de ellos esté ausente, por así decir, el sello de seriedad que lleva estampado lo científico. Por eso me tengo que consolar diciendo que la responsable de ese resultado es la naturaleza misma del asunto, más que alguna predilección mía; es que el diagnostico local y las reacciones eléctricas no cumplen mayor papel en el estudio de la histeria, mientras que una exposición en profundidad de los procesos anímicos como la que estamos habituados a recibir del poeta me permite, mediando la aplicación de unas pocas fórmulas psicológicas, obtener una suerte de intelección sobre la marcha de una histeria.”

Los psicopetitás, marco teórico inaugural de la a/f/amada psicoanalista La tía Chichita.


Estimados seguidores y seguidoras:

Comenzando el año, quiero remangarme para ofrecerles el cuerpo del marco teórico que sostendrá mis escritos. Sabido es que no puedo incluir todo lo necesario, el NOTODO está en todas partes, pero al menos voy a dejarles una porción, claro que será una porción a medida y proporción de mi amplia teorización, para que vayan penetrando el universo del objeto y la estética psicoanalítica.

Propongo la existencia de tres tipos de objetos.
Sí, así como lo leen, mis estimados colegas. Pero no se preocupen, ni se desalienten, que paso a paso, iremos entrando en LA escalera conceptual ascendente.

Cierto es que tomo por válido el planteo de Lacan acerca del primer objeto. El Petit-á fundacional. O sea que son dos los que invento en mi sabuuarfer, pero además, como corresponde a todo psicoanalista que se nombre como tal, reinvento al Petitá fundacional en mi clínica, clínica de la que he sabido dar cuenta en varios congresos y actividades, como bien saben mis queridos seguidores.

Primero el petit-á del cual Lacan habló largamente y todos nosotros también, citando copiosamente al maestro, así que allí no voy a meterme más que para pedirles que lo lean y lo aprendan, con paciencia y despacito van a ir entendiendo, no paren que sigue y sigue.

En segundo lugar estaría el objeto Petitá, juego homofónico con el primero, objeto petit a lacaniano, ¿ya lo habían descubierto?, lo aclaro de todas maneras ya que siempre el público se renueva, y alguno debe venir en el grupito de los rezagados,-mi teoría es inclusiva, allinclusive, ¡pero no por eso vulgar!, ¡ni proclive a la vulgarización!, sepan que respeta el ánimo oscurantista de mi tribu- ojeto petitá que descubrí en mi posibilidad de lectura a la letra, descubrimiento de mi autoría, del cual soy madre, -no padre- y cuenta con mi firma, ya que nació de mi sabuuuarfer.

Ese Petitá es y no es parte del cuerpo, es y no parte del sujeto, es el borde de TODO agujero. ¿Ahora los visualizan mejor? ¡Qué imagen! ¿No lo logró todavía? Descuide, también de eso se trata, colegas principiantes, de estimularlos a crear variedades de Petitás, no queremos un petitá coagulado, esclerótico, tenemos que inventarlo cada vez para cada quien, ir hasta el unercanté  y regresar victoriosos con el petitá de esa tierra. Logrando desatar un goce deseoso de amor al psicoanálisis, porque dejaremos caer Algranotre, A, y así encontraremos, en el más allá del principio de realidad, nuevos colegas hablando y definiendo a los Petitás.

Y en tercer lugar, como tercer tipo de objeto, sostengo -también de mi total autoría, aun sabiendo que se convertirá en concepto patrimonio mundial- que para los psicoanalistas existiría una subespecie de petitás. 

Los Petitás Psicoanalíticos, objetos que al nacer un colega, al emerger un psicoanalista de algún diván, advendrán con él para ser y convertirse en sus petitás técnicos.

Dichos petitás psicoanalíticos, a los que de aquí en más llamaremos Psicopetitás, dan cuerpo al colega naciente, también lo visten, y acicalan, y poco a poco lo afirman en una estética que de saber leer entre líneas reflejará su ética.

Pero ¿cómo se arriba al advenimiento de esa serie de psicopetitás que acompañarán la carrera del colega yunior?, ¿son los psicopetitás elementos identificatorios a su analista?, ¿son una construcción del análisis, un aprender a sabuaaarfer también con el mundo objetal del psicopetiteo?,¿hay Uno en el universo del psicopetitá?, ¿cómo podemos interpretar la caída en el estereotipo del psicopetitá de algunos colegas?, ¿acaso los psicopetitás son sólo materiales-diván, título enmarcado, pipa, barba, mechitas, vestimenta tipo, biblioteca con la colección verde de amorroto?, ¿o permiten en su definición la inclusión de lo inmaterial? O sea ¿existen psicopetitás inmateriales- y ejemplifico para que puedan seguir conmigo hasta el final: es un psicopetitá el dominio del silencio, el tono de voz, el manejo del estilo interrogativo, la manera de tomar nota, y otros cuantos etcéteras que iremos desentrañando?

Les adelanto que el psicopetitá admite varias consistencias, colores y olores.

Los dejo en compañía de sus reflexiones las próximas dos semanas, y los invito a que ustedes den sus primeros pasos en la construcción de lecturas posibles acerca de las relaciones entre la  estética y la elección de los psicopetitás que han hecho. 
Trabajaré para hacerles visibles los psicopetitás de los grandes psicoanalistas.

Espero que esta columna inaugure el espacio de intercambio.
Hasta la próxima...

Siempre suya,
La tía Chichita

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