Jorge Luis Borges en LangueLengue II

En el encuentro del 19 de setiembre de 1980 en la Escuela Freudiana de Buenos Aires, al que hacíamos referencia en la cita anterior de Palabras Apropiadas, Borges siguió hablando de los sueños desde esa idea suya del sueño como fenómeno estético y contó –entre otros- el siguiente sueño:

“yo me encontraba con un amigo, esto ocurría en la calle Serrano de Palermo, o en la calle Serrano de 1910, todas casas bajas, y huecos, yo me encontraba con un amigo y me costaba reconocerlo, estaba la cara llena de arrugas, de cicatrices, y después yo le digo, él tenía, tenía la mano así en el saco, y yo le digo: Caramba, qué cambiado estás. Sí, me dice, estoy muy cambiado, más cambiado de lo que podés imaginar, entonces lentamente sacó la mano y era una garra; ahora, eso es curioso, porque yo había creado el sueño, es decir que yo había hecho que él se acercara a mí con la mano adentro del saco para que fuera una sorpresa la garra, sin embargo esa sorpresa que yo había preparado me asombró cuando llegó, y esto arroja una luz muy curiosa sobre los sueños”.


Borges en la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Edit.: Agalma. Pag.: 30.

Mesa de luz en otoño

Paola Menta

El otoño ha llegado ¡por fin! y con él, el aumento de la pila de libros en la mesa de luz. De entre los “apilados”, los primeros que estimularon mi curiosidad fueron: el primer tomo de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust y El señor de las moscas de William Golding. 

Con Proust había avanzado unas cuantas páginas en las que casi estaba decidida a abandonarlo cuando, en la página sesenta y uno sucedió el milagro. Lo que allí leí renovó ¡y cuánto! mi predilección por los clásicos. Confieso que he vuelto a leer ese pasaje al menos cuatro o cinco veces y no he podido avanzar más, aún. Con libros de esa textura, sensibilidad y precisión prefiero leer párrafo a párrafo lentamente, sin apuro, con la tranquilidad que sólo se consigue al comprender que no hay a donde llegar. 

Con Golding todavía no me he encontrado, no sé si no lo he encontrado a él o él no ha logrado encontrarme a mí, ¡pero cuarenta páginas no son nada!  más bien un par de líneas leídas en la noche, con los ojos medio cansados y ya con ganas de dormir, así que le daré más tiempo; tiene a su favor mi profundo aprecio y admiración por la literatura inglesa. 

En otra clave y en otro ritmo me ha sumido la lectura de La dirección de actores en cine de Alberto Miralles. A través del complejo trabajo del actor de cine, el libro me puso a pensar en temas fundamentales para el psicoanálisis, además de reírme con algunas anécdotas de backstage que Miralles toma de los libros de memorias de actores y actrices como Katherine Hepburn, Marlene Dietrich, Michael Caine, Kirk Douglas y Mia Farrow,  entre otros. 

“Transformarse es ser otro, vestir como otro, moverse como otro, hablar como otro, pensar como otro y sentir como otro"  dice Miralles en la Introducción.

¿Cómo es eso posible? ¿Mediante qué mecanismos (qué palabra fea!....probemos allí otra…) procesos alguien es capaz de pensar (es decir, habitar una lógica en función de la cual se estructuran, justifican y fundamentan los actos y pensamientos de alguien) y sentir como otro?

Pienso por ejemplo, en Glenn Close en Atracción Fatal o en Cate Blanchet en BlueJasmine o Meryl Streep en La decisión de Sophie o Nicole Kidman en Las Horas… ¿Cómo es posible que alguien sea capaz de encarnar esos sentimientos al grito de “Acción” y volver de ellos? 

“Pagamos –dice Miralles- una entrada para ver los celos de Otelo, los amores desgraciados de Romeo y Julieta, o las bravuconadas de Don Juan Tenorio. Pagamos por ver el esfuerzo de los actores por convencernos de que son esos personajes”.

Pero entonces ¿de qué están hechos los sentimientos?, ¿cómo se construyen?, ¿por qué el actor es capaz de discriminar diversos sentimientos y ponerlos en acción en la situación que corresponda y con la intensidad adecuada?, ¿de qué está hecho su arte?

Por otra parte, ¿por qué necesitamos ver/poner en escena esos sentimientos?, ¿por qué necesitamos, y pagamos por eso, que alguien realice para nosotros ese esfuerzo de transformación que Miralles define como “violencia psíquica voluntariamente deseada”? 

Otra pregunta se desprende de la anterior: ¿hasta dónde es posible llevar adelante una transformación del actor sin riesgos? ¿Cómo pensar en el caso de la transformación la relación entre ficción y realidad? 

Sin duda, habrá interpretaciones que no serán sin consecuencias para el actor, habrá interpretaciones que no serán sin marca: “Sean Connery llegó a firmar, inconcientemente, autógrafos con el nombre de James Bond. Bela Lugosi, el paradigmático intérprete de Drácula (1931), de Tod Browning, dormía en un ataúd. Johnny Weissmuller, ya en el umbral de la muerte, gritaba como Tarzán. Daniel Day-Lewis fue internado en un psiquiátrico tras perder la cordura en plena actuación de Hamlet”.

En fin…las preguntas ¡bullen! y las lecturas empiezan a relacionarse unas con otras. 

Recuerdo, mientras escribo, que en el libro Cuando los que escuchan hablan de María Esther Gilio, Lito Benvenutti plantea, en el caso del autismo, la falta de capacidad de ser otro. Me figuro esa frase como estar preso dentro del ser, algo así como ser siendo siempre, por siempre solo ser.

Entonces, mientras el trabajo del actor me sume en la ambiente del otro, de los otros, de la observación del otro, del intento imposible de comprenderlo, de pescarlo en su lógica, de intentar saber cómo sufre, cómo ríe, cómo enfurece, cómo ama, cómo desea y qué, la apreciación de Benvenutti me sume en el mayor de los silencios,  ese en el que nada ni nadie hace señas.

El trabajo del actor, el trabajo del director de actores, la relación entre el director y el actor, me permiten iluminar zonas que hacen también a la clínica psicoanalítica. 
Para continuar con esta pequeña investigación llegó a mi mesa de luz hace pocos días Meryl Streep. El libro es de Phaidón y pertenece a la colección Cahiers du Cinema, Anatomy of an actor, la autora es Karina Longworth… ¡great expectations!




Libros citados:

Proust Marcel, En busca del tiempo perdido. Por el camino de Swann. Edit.: Alianza, 2009.
Golding, William, El señor de las moscas. Edit.: Planeta DeAgostini, 2003.
Miralles, Alberto, La dirección de actores en cine. Edit.: Cátedra, 2000.
Gilio, María Esther, Cuando los que escuchan hablan. Edit.: Libros del Zorzal, 2010.
Longworth, Karina, Meryl Streep. Edit.: Phaidón, 2013.

Fotografía: Annie Leibovitz para Vanity Fair; retrato de Meryl Streep y Patrick Shanley.
http://www.vanityfair.com/culture/features/2009/03/actors-directors-portfolio200903_slideshow_item10_11

Jorge Luis Borges en Langue Lengue

El 19 de setiembre de 1980, la Escuela Freudiana de Buenos Aires recibía al escritor Jorge Luis Borges.  En ese encuentro, en el que según se cuenta, Borges pidió tener un diálogo y no una exposición solitaria, el poeta pudo decir: 

…"el sueño es una actividad estética, quizá la más antigua del hombre, y eso estarán de acuerdo, ¿no? ya que el sueño vendría a ser una forma de poesía, y más aún, no sólo de poesía sino de arte escénico, vendría a ser la primera forma del drama con varios personajes, vendría a ser, sí, la primera forma del drama, pero que se da; como decía Góngora: “El sueño autor de representaciones, en su teatro sobre el viento armado sombras suele vestir de bulto bello” “Sombras suele vestir”…fue usado por José Bianco como título de una hermosa novela; sí Sombras suele vestir. Sí, vendría a ser esa idea, la idea de los sueños como el género estético más antiguo". 



Borges en la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Edit.: Agalma. Pág.: 33.
Fotografía: Portada de Revista Life 1968.



Lecturas de otoño

Mayra Nebril

¡Qué lindo es leer a cuatro ojos y en voz alta! El libro de las tierras imaginadas de Guillaume Duprat, ha sido un excelente descubrimiento para tales fines. Las leyendas más insólitas creadas por la humanidad acerca de una geografía, delirante a veces, y poética otras, es relatada y puesta en imágenes que nos desorbitaron los ojos y arrancaron frescas carcajadas- contraproducentes para el sueño que la lectura buscaba, excelente para el inicio de conversaciones únicas. Además, y no es para nada menor, sus páginas tienen solapas a levantar, textos a descubrir, el libro es en sí mismo un precioso objeto.


Otro libro que me espera cada noche sobre mi mesa de luz, es Cortázar de la A a la Z: Un álbum biográfico, edición Aurora Berárdez y Carlos Álvarez Garriga, también vale por su belleza, lindo tamaño, lindo diseño, lindas fotos; una invitación a h ojearlo a la manera de una tirada de tarot, una rayuela, una ruleta que haré girar por ustedes...

Casamientos, página 64, hay dos fotos, en la superior Cortázar y Aurora Bernárdez subiendo una escalera al costado del Sena, él de saco y corbata, tan alto, la mira a ella, la nuca de ella, que vistiendo una pollera y chaqueta, probablemente negros, con los ojos entornados dirige la vista al río, aun sin poder verle la mirada, se sabe de la alegría en el rostro de Aurora. Es una fotografía del día de la boda, 1953.
Abajo otro pequeño retrato del día de la boda con Carol Dunlop, 1981, aparecen en la imagen Cortázar, Jean y Raquel Thiercelin, Claribel Alegría y Luis Tomasello. ¿Y la novia? Probablemente esté detrás del lente.
Ambas fotografías están acompañadas de cartas a amigos a los que les cuenta de sus respectivos casamientos.

Casas, página 65, hay dos fotografías de lugares en París en los que vivió Cortázar, y una carta rodeando las imágenes, la última frase de esa carta que está dirigida a las Duprat -¡¡¿cómo el escritor de El libro de las tierras imaginadas!!!???? ay, Julito, sos incansable, dice la carta- Yo seré un fantasma incansable, alguna vez, ¡tengo tantas casas que visitar de nuevo, diseminadas en la ciudad, en los pueblos, en las novelas, en la historia...!

Por último, para que me ayude a desasnarme y me permita mejor perspectiva sobre interrogantes que burbujean en mi pensamiento, leo pacientemente Historia de la ideas estéticas y de las teorías artísticas contemporáneas, volumen I y II, Valeriano Bozal editor; descubro, como suele sucederme, que MIS preguntas antes les pertenecieron a otros, Addinson, Burke, Hume, Kant.

¡Qué difícil es llegar temprano a los cuestionamientos importantes!

Los Petitás de los grandes psicoanalistas: inauguración de la columna de la tía Chichita


Estimados lectores y estimadas lectoras:

Me dirijo a ustedes para hacerles saber que durante los meses próximos estaré participando de Langue Langue.

Las colegas promotoras del blog, me hicieron saber el interés que mi teoría y técnica ha suscitado entre el público especializado uruguayo, incluso me han hecho llegar algunas consultas sobre la domesticación de petitás y el no sabuaaarfer con el encandilamiento agalmático de ciertos petit-á, motivo por el cual al recibir la invitación a trabajar Ética y estética en psicoanálisis, tópico de mi absoluta especialidad, he decidido sostener un espacio que bauticé como: LOS PETIT/ás DE LOS GRANDES PSICOANALISTAS.

¿Qué vínculo tienen los petitás con la estética y la ética en psicoanálisis? 
Una muuuy íntima relación, queridos. 

De a poco iremos entrando en tema, pero por el momento sería suficiente con que vayan abriendo las cabezas para darle cabida a las preguntas, ¿qué estética reflejó la ética de Freud?, ¿y la de Lacan?, ¿la de Klein?, ¿la de nuestros analistas?, ¿de qué estética dan cuenta vuestros consultorios?

Sabido es para mí, -no se preocupen que estoy aquí para enseñárselos a ustedes, y para crear un efecto de transmisión expansivo que funcione como TTTsunami arrollador de conocimientos-, o sea, pretendo ser el petitotro que les ilumine la zona de la estética de cada psicoanalista famoso y de sus petitás de batalla, ya que allí están encerradas, esperando nuestra lectura, las posibilidades de análisis que tuvo a su alcance cada uno de ellos. Así de terminante lo afirmo, y así de contundente espero sea la conclusión a la que arriben luego de terminar de leer la columna quincenal.

Me despido de ustedes con saludos cordiales, y les recomiendo, a modo de preparación o de rifreshhhhhh, que vuelvan al cuento de La tía Chichita y los Petitás, o crónica de las Lacanoamericanas, el texto en que esta muchacha, Nebril, expuso, aunque sin previo consentimiento, a modo de síntesis alabadora, mi esmerada exposición en el evento psicoanalítico- pero si aún así no entienden, las colegas de Langue Lengue les facilitarán el material complementario, seminarios del 1 al 25 de Lacan, supongo que los Escritos pueden por el momento evitarlos.
Suya,
La tía Chichita



por Mayra Nebril

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