Álvaro de Campos, su poesía

Aplazamiento

Pasado mañana, sí, sólo pasado mañana…
pasaré mañana pensando en pasado mañana,
y así será posible; pero hoy no…
No, hoy nada, hoy no puedo.
La persistencia confusa de mi subjetividad objetiva,
el sueño de mi vida real, intercalado,
el cansancio anticipado e infinito,
Un cansancio de mundo para tomar un tranvía…
Esta especie de alma…
                  Sólo pasado mañana…
Hoy quiero prepararme,
quiero prepararme para pensar mañana en el día siguiente.
Éste es el decisivo.
Tengo ya el plan dibujado; pero no, hoy no dibujo planos…
Mañana es el día de los planos.
Mañana he de sentarme al escritorio para conquistar
  el mundo;
Pero sólo conquistaré el mundo pasado mañana…
Tengo ganas de llorar,
tengo ganas de llorar mucho de repente, desde adentro.

No, no quieran saber nada más, es secreto, no lo digo.
Sólo pasado mañana…
Cuando era niño el circo del domingo me divertía
   toda la semana.
Hoy sólo me divierte el circo del domingo de toda la semana
   de mi infancia…
Pasado mañana seré otro,
mi vida ha de triunfar,
todas mis cualidades reales de inteligente, culto y práctico
serán enunciadas por una editorial…
Pero una editorial de mañana…
Hoy quiero dormir, redactaré mañana…
Por hoy, ¿cuál es el espectáculo que repetirá mi infancia?
Lo mismo para que yo compre los boletos de mañana,
que pasado mañana es cuando estará bien el espectáculo.
Antes, no…
Pasado mañana tendré la pose pública que mañana estudiaré
Pasado mañana seré finalmente aquel que hoy no puedo
   nunca ser.
Sólo pasado mañana…
Tengo sueño como frío tiene un perro vagabundo.
Tengo mucho sueño.
Mañana te diré las palabras, o pasado mañana…
Sí, tal vez sólo pasado mañana…

El porvenir…
Sí, el porvenir…



Insomnio

No duermo ni espero dormir.
Ni en la muerte espero dormir.
Me espera un insomnio de la amplitud de los astros
y un bostezo inútil tan extenso como el mundo.
No duermo. No puedo leer cuando despierto de noche,
no puedo escribir cuando despierto de noche,
no puedo pensar cuando despierto de noche.
¡Dios mío, ni puedo soñar cuando despierto de noche!
¡Ah, el opio de ser otra otra persona [portugués: pessoa] cualquiera!
No duermo; yazgo, cadáver despierto, sintiendo,
y mi sentimiento es un pensamiento vacío.
Pasan por mí, trastornadas, cosas que me sucedieron:
todas aquellas de las que me arrepiento y me culpo;
pasan por mí, trastornadas, cosas que no me sucedieron:
todas aquellas de las que me arrepiento y me culpo;
pasan por mí, trastornadas, cosas que no son nada,
y hasta de esas me arrepiento, me culpo, y no duermo.
No tengo fuerza para tener la energía de encender un cigarrillo.
Miro la pared de enfrente del cuarto como si fuese el universo.
Por fuera hay el silencio que tiene todo eso.
Gran silencio aterrador en otra ocasión cualquiera,
en otra ocasión cualquiera en que yo pudiera sentir.
Estoy escribiendo unos versos realmente simpáticos:
versos que dicen que nada tengo que decir,
versos que insisten en decirlo,
versos, versos, versos, versos...
Tantos versos...
Y la verdad entera y la vida entera, fuera de ellos y de mí.
Tengo sueño, no duermo, siento y no sé en qué sentir.
Soy una sensación sin la correspondiente persona [pessoa],
una abstracción de autoconsciencia sin qué,
salvo lo necesario para sentir consciencia,
salvo… yo qué sé salvo qué...
No duermo. No duermo. No duermo.
¡Qué gran sueño en toda la cabeza, y encima de los ojos, y en el alma!
¡Qué gran sueño en todo, excepto en poder dormir!
Oh amanecer, tardas tanto... Ven...
Ven inútilmente
a traerme otro día igual a éste,
al que seguirá otra noche igual a ésta.
Ven a traerme la alegría de esta esperanza triste,
porque siempre eres alegre, y siempre traes esperanzas,
según la vieja literatura de las sensaciones.
Ven, trae la esperanza, ven, trae la esperanza.
Mi cansancio penetra colchón adentro.
Me duele la espalda por no estar acostado de lado.
Si estuviera acostado de lado me dolería la espalda por estar acostado de lado.
Ven, amanecer, llega.
¿Qué hora es? No lo sé.
No tengo energía para tender una mano hasta el reloj.
No tengo energía para nada, para nada de nada...
Sólo para estos versos, escritos al día siguiente.
Sí, escritos al día siguiente.
Todos los versos siempre se escriben al día siguiente.
Noche absoluta, sosiego absoluto, ahí afuera.
Paz en toda la Naturaleza.
La Humanidad reposa y olvida sus amarguras.
Exactamente.
La Humanidad olvida sus alegrías y sus amarguras.
Es lo que suele decirse.
La Humanidad olvida, sí, la Humanidad olvida.
Pero es que, incluso despierta, la Humanidad olvida.
Exactamente. Pero yo no duermo.



Todas las cartas de amor son ridículas

Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.

También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas. 
Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas.

Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son
ridículas.

Quién me diera el tiempo en que escribía
sin darme cuenta
cartas de amor
ridículas.

La verdad es que hoy mis recuerdos
de esas cartas de amor
sí que son
ridículos.

(Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículas).



Álvaro de Campos, ¡o el opio de ser otra otra pessoa cualquiera!



El 13 enero de 1935, Pessoa envía una carta a su discípulo de Coimbra, el escritor Adolfo Casais Monteiro, en la que habla acerca de la génesis de los heterónimos. Dice Pessoa:

Desde niño he tenido la tendencia a crear a mi alrededor un mundo ficticio, a rodearme de amigos y conocidos que nunca han existido. (No sé, bien entendido, si realmente no han existido o si soy yo el que no existe. En estas cosas, como en todo lo demás, no debemos ser dogmáticos). Desde que me conozco como aquel que defino «yo», recuerdo haber dibujado mentalmente, en el aspecto, movimientos, carácter e historia, varias figuras irreales que eran para mí tan visibles y mías como las cosas que llamamos, tal vez abusivamente, la vida real. Esta tendencia, que tengo desde que recuerdo ser un «yo», me ha acompañado siempre, variando levemente el adagio musical con el que me fascina, pero sin alterar nunca su carga de fascinación.

Y añade unos párrafos después:

Hacia 1912, salvo errores (que de cualquier manera serán mínimos), me vino la idea de escribir alguna poesía de índole pagana. Esbocé algo en versos irregulares (no en el estilo de Álvaro de Campos, sino en un estilo de media regularidad), y lo deje. Se había esbozado en mí, sin embargo, en una mal tejida penumbra, un vago retrato de la persona que estaba escribiendo aquellos versos. (Había nacido, sin que yo lo supiese, Ricardo Reis).
Un año y medio o dos después, un día se me ocurrió gastarle una broma a Sá-Carneiro: inventar un poeta bucólico, bastante sofisticado y presentárselo, no me acuerdo ya de qué modo, como si fuese real. Pasé algunos días elaborando al poeta sin que me viniese nada a la mente. Al final, un día en que había desistido -era el 8 de marzo de 1914- me acerqué a una cómoda alta y tras recoger una hoja de papel, comencé a escribir, de pie, como escribo cada vez que puedo. Y escribí treinta y tantas poesías, seguidas, en una especie de éxtasis del que no conseguí definir su naturaleza. Fue el día triunfal de mi vida, y nunca podré tener ya un día semejante. Comencé con un título O Guardador de Rebhanos. Y lo que siguió fue la aparición en mí de alguien a quien inmediatamente di el nombre de Alberto Caeiro. Perdóneme lo absurdo de la frase: en mí había aparecido mi Maestro. Fue ésta mi inmediata sensación. Tanto que, apenas escritas las treinta y tantas poesías, cogí otra hoja de papel y escribí, inmediatamente, las seis poesías que constituyenChuva Oblíqua, de Fernando Pessoa. Inmediata y totalmente ... Fue el regreso de Fernando Pessoa-Alberto Caiero a Fernando Pessoa-él solo. O mejor, fue la reacción de Fernando Pessoa a la propia inexistencia de Alberto Caeiro.
Aparecido Alberto Caeiro, me puse inmediatamente a buscarle, instintiva y subconscientemente, unos discípulos. Extraje de su falso paganismo al Ricardo Reis latente, le descubrí el nombre y se lo adapté, porque entonces ya lo veía. Y, de repente, y por derivación opuesta a la de Ricardo Reis, me vino a gala impetuosamente un nuevo individuo. De sopetón, y en la máquina de escribir, sin interrupciones ni correcciones, surgió la Oda Triunfal de Álvaro de Campos: la Oda con este nombre y el hombre con el nombre que tiene.

Álvaro de Campos surge cuando Fernando Pessoa siente “um impulso para escrever”, dice que Campos se ubica en el “extremo oposto, inteiramente oposto, a Ricardo Reis”, a pesar de ser también discípulo de Caeiro.

Campos es un ingeniero naval y viajante, es un vanguardista cuya poesía evoluciona con el tiempo. Acerca de los datos biográficos de éste heterónimo deja escrito en una carta:

Álvaro de Campos nació en Tavira el 15 de octubre de 1890 (a las 13,30 (...) y es verdad, porque hecho el horóscopo con esa hora ha resultado exacto). Éste, como usted sabe, es ingeniero naval (ha estudiado en Glasgow), pero actualmente se encuentra aquí en Lisboa, sin ejercitar su profesión. (...) Álvaro de Campos es alto (m.1,75, 2 cm más que yo), delgado y con tendencia a encorvarse. (...) la cara afeitada (...) entre blanco y moreno, vagamente del tipo hebreo portugués pero con el pelo liso y normalmente con la raya a un lado, monóculo. (...) ha recibido la normal instrucción del bachillerato, después fue mandado a Escocia a estudiar ingeniería, primero mecánica y después naval. Durante unas vacaciones hizo un viaje a Oriente, del que nació la poesía Opiário. Le enseñó latín un tío de Beira que era sacerdote.


Fernando PESSOA, "Carta a Adolfo Casais Monteiro”. En TABUCCHI, Un baúl lleno de gente

Pessoa, ¡qué viaje!

Por Mayra Nebril

Algunos fragmentos del Libro del desasosiego nos ponen a conversar mucho en Langue Lengue. Pessoa con sus afirmaciones contundentes, recorta temas que dividen posiciones. En su fragmento 138, del cual hice un recorte a su vez para poner el foco en el asunto que me interesa, deja plantedo: ¿viajar o no viajar?, ¡esa es la cuestión!

Nos obligó entonces a darle cuerpo a las opiniones, a buscar filósofos, escritores, pintores aliados, que nos ayudaran a contraponer, a definir cómo decir, a descubrir por qué nos dejaba frente a reacciones viscerales con sus sentencias, e incluso preguntándonos ¿qué es lo que realmente pienso de esto?

¿Qué significa viajar, y para qué sirve? Cualquier ocaso es el ocaso; no es necesario ir a verlo a Constantinopla. ¿La sensación de liberación que nace de los viajes? Puedo experimentarla saliendo de Lisboa y yendo hasta Benfica, y experimentarla de modo más profundo que quien va de Lisboa a China. Porque si la liberación no está dentro de mí, no está, para mí, en ninguna parte…

Quien cruzó todos los mares cruzó tan sólo la monotonía de sí mismo. Yo ya crucé más mares que nadie. Ya vi más montañas que las que hay en la tierra. Pasé ya por más ciudades que las existentes, y los grandes ríos de ninguno de los mundos fluyeron, absolutos, bajo mis ojos contemplativos. Si viajara, sólo encontraría la débil copia de lo que ya había visto sin viajar…

¿Qué puede darme China que mi alma no me haya dado ya? Y, si mi alma no me la puede dar, ¿cómo ha de dármelo China, si es con mi alma como veré China, si es que la veo? Podré ir a buscar riqueza a Oriente, pero no riqueza de alma porque la riqueza de mi alma soy yo mismo, y yo estoy donde estoy, con Oriente o sin él.

Entiendo que viaje quien sea incapaz de sentir. Por eso son tan pobres siempre, como libros de experiencia, los libros de viaje, valiendo tan sólo lo que valga la imaginación de quienes los escriben. Y si quien los escribe tiene imaginación, tanto puede encantarnos con la descripción minuciosa, fotográfica a modo de estandartes, de paisajes que imaginó, como con la descripción, forzosamente menos minuciosa, de los paisajes que creyó haber visto. Somos todos miopes, excepto para dentro. Sólo el sueño ve con la mirada.    
Pág 147/48 Libro del desasosiego      

Los viajes.
En la última semana hemos hablado mucho de viajes, de los internos y de los externos, de la posibilidad de conocer cosas –nuevas- que nos permitan cambiar de opinión, de perspectiva, de modo de pensar, ¿o no?, ¿no son las cosas?, ¿ni las personas?, ¿todo se trata de y transcurre en el interior de uno mismo?

Pessoa y su ensimismamiento, ¡cuántas interrogantes!

¿Será que no es necesario moverse para que las cosas cambien?, a veces sí, a veces no, o quizás incluso depende de para quien, ¿toda posibilidad de transformación está en uno mismo?, como semilla, quizás, pero ¿qué valor tiene el otro, como otro distinto, ajeno para que la cuestión prospere en un sentido o en otro?, ¿qué valor tiene la experiencia de ir y volver, la experiencia de buscar, la experiencia de pasar por determinados lugares, de pasar por otro/s?, ¿qué lugar otorgarle a lo que encontramos?

Viajar, encontrarse con cosas desconocidas, desprenderse del lugar propio, del lugar común, de las certezas -ficticias o no- de lo cotidiano, descubrir lenguas, sabores, olores, temperaturas, colores, nuevos modos de ordenar las mismas cosas de siempre, asuntos inauditos-inauditos en todos sus sentidos, inauditus- músicas, sonidos callejeros, conocer gente, cambiar el contexto, los pretextos, poner al yo en otras circunstancias.

Me cuesta darle crédito a la pregunta ¿de qué sirve viajar?, porque es obvio que hay un placer en juego, uno viaja y se divierte, también se aliviana, y sobretodo descubre. Entonces, ¿cómo puede Pessoa desconocerlo? No lo desconoce, en verdad dice que esos descubrimientos sería uno capaz de hacerlos sentado en el living de su casa. ¿Tendrá razón?

Claro, de pronto comprendí que ¡esta afirmación tiene historia, éste ha sido un tema para la filosofía desde Aristóteles, pasando por Locke, Kant, Heidegger, hasta Deleuze! Los objetos, los sujetos y los modos de acceso al conocimiento. No soy gran conocedora de filosofía y los pocos conocimientos que tengo están enredados en una nube que enmaraña nombres y tiempos, así que dado el interés que el tema me despertó fui a picotear lecturas en las que se reseñan autores, historias de la filosofía, y síntesis de ese tenor que me pudieran refrescar cómo es que se dividen las aguas acerca de si hay una esencia, una forma a conocer en las cosas, y por lo tanto habría un conocimiento singular a realizar, de ese sujeto con esa cosa en particular, por lo tanto viajar estaría recomendado-es una suposición, claro está- por ejemplo por Aristóteles que podría haber afirmado Venga a Grecia, encontrará la esencia de unas cuantas cosas y ya no será el mismo que antes de viajar.

Pero la pregunta se recortó con más fuerza en la modernidad, ¿todo lo que conocemos y podemos llegar a saber nos llega por los sentidos?, ¿o por estructuras de conocimiento, de pensamiento previas a lo que vamos a percibir?, ¿o será en el intercambio posible entre ese sujeto y ese objeto, en un orden histórico dado, que surja una idea producto de esa experiencia?

Si los objetos no son realidades independientes del que mira, si percibir es una actividad, el sentido estaría en el sujeto no en las cosas, ¡una revolución!, el asunto es lo que el sujeto puede concluir del objeto, entonces ¿para qué va a venir?, ¡quédese, ahorre dinero y energías, concéntrese en descubrir lo que ya está en usted, con eso será suficiente, además no hay más, así que póngalo en su mundo y estese quieto! De hecho dicen que Kant jamás se movió de su pueblo, -a diferencia de Pessoa cuya infancia lo llevó a aventurarse en otras tierras,- se quedó en su ciudad y mantuvo las rutinas como modo riguroso de vida. Kant y Pessoa, con más de 100 años de diferencia entre uno y otro, sostienen que es imposible contactar con las cosas en sí mismas, por lo tanto uno es capaz de descubrir lo que vaya a ser capaz de descubrir sin moverse del living o el sótano de su casa.

Podemos decir también, tomados de la mano de Heidegger, que el ser-en-el-mundo tendrá que lidiar con las posibilidades que se abren cotidianamente para cada quien, posibilidades que definen el sentido de las cosas, posibilidades que tomamos o descartamos, pero siempre teniendo a la vista que una sola posibilidad es absolutamente cierta, ¡la muerte!, la temporalidad. Así que, ¿viajar o no viajar?, ¡viaje!, salga de la mediocridad de la rutina, vaya a conocer otras culturas, elija otras lenguas, el lenguaje es la casa del ser, poetice, descubra lo mismo una y otra vez, lo mismo ¡su muerte! que seguro está ahí, pero es una buena idea tomar esa posibilidad que lo llevará lo más lejos que esté a su alcance, para que sea allí que lo encuentre-si es al regreso mejor, por supuesto-la muerte.

Supongo que puedo también decir, Dele al yo nuevas circunstancias, ¡Viaje a la China!, o porque no explicarle: Póngase en marcha, sólo allí acontecerá eso y no otra cosa, por lo tanto –aun no siendo seguro que el acontecimiento sea placentero-, con seguridad no será el mismo que si estuviera echado en el sillón de su casa.


En conclusión, si es que tal expresión aplica a esta sucesión de párrafos que al mejor estilo Cantinflas, ¡Ahí está el detalle!, ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario, puedo asegurarles que aún sin saber bien en cuál de todos los argumentos me apoyo, puedo afirmar que no es lo mismo ir a China que no haber ido, y lo digo sin conocer Oriente, lo sentencio desde el teclado de mi computadora que por ahora está en un rincón del comedor de mi casa.

Metáforas del desasosiego

por Elianna Pascual

“Estas páginas, en las que voy haciendo anotaciones con una claridad que para ellas perdura,
las acabo de releer y me interrogo. ¿Qué es esto, para qué todo esto?
¿Quién soy yo cuando estoy sintiendo? ¿Qué es lo que muero cuando soy?
Como alguien que desde una gran altura intenta distinguir las vidas de un valle,
así yo me contemplo desde una cima y soy, con todo lo demás,
un paisaje indiferenciado y confuso.” (63, pág. 77)

Quiero leer a Pessoa y jugar y reírme, porque Pessoa me hace entrar en esa especie de tragedia que termina siendo una rayuela, si habla él o si habla el heterónimo o cómo definir un heterónimo a partir de él, o cómo definir el Estilo. Quiero hacer como la avioneta del sueño que por fin despega, en el tercer intento lo logra. Acá va mi segundo intento con Pessoa, quiero creer que tendré una oportunidad más con ustedes. Quiero despegarme de Pessoa pero con él, como si por fin reivindicara esta realidad más real y más mediocre de lo que tantos quisieran, pero tanto más coherente por cierto, de lo que algunos otros pudieran aspirar.

Revisando lo leído y subrayado en este primer tercio del libro, me propuse buscar la definición más exacta –para mí, en este hic et nunc-, de Desasosiego. Por ahora he encontrado varias pero voy a tomar arbitraria y subjetivamente dos, una que comporta un párrafo y otra que comporta una imagen.

  • El párrafo
“El cansancio de todas las ilusiones y de todo lo que hay en las ilusiones–su pérdida, la inutilidad de tenerlas, el pre-cansancio de tener que tenerlas para poder perderlas, la pena de haberlas tenido, la vergüenza intelectual de haberlas tenido sabiendo que tendrían un final así.” (68, pág. 81)


  • La imagen que para mí representa una gran definición semiótica del desasosiego, es el título que aparece en el apartado 66 de la página 78                                                                                                                  “ENCOGERSE DE HOMBROS”
Busqué una imagen que mostrara lo que veo yo cuando me imagino una situación tan desasosegante que produce esta conmoción corporal, que aparece antes que la palabra; una expresión tan humana y tan inevitable que cualquiera sería capaz de ver y de entender. Y encontré este dibujo que tomo prestado de http://sp.depositphotos.com/73589553/stock-illustration-comic-cartoon-man-shrugging-shoulders.html


Me gusta leer textos y encontrar figuras literarias. Y hallar el entimema. Me apasiona descubrir los diversos usos que se puede dar a una palabra. El estricto, el figurado. El etimológico, el menos usado, el lugar común. Y tantas posibilidades más. Recuerdo que la primera palabra que me detuvo en la lectura del Libro del desasosiego fue resignar. Era verano y Paola, Mayra y yo emprendíamos nuestras primeras impresiones en torno al texto de Soares. Recuerdo que conversamos mucho sobre el párrafo donde aparecía este término, hasta que Joan Corominas nos iluminó con su sabiduría.











En la búsqueda de resignar, Corominas nos envió a signar, y de allí a seña. Utilizada en un sentido estricto, la palabra es de la época de las carabelas de Colón, quiere decir “anular” o propiamente “romper el sello que cierra algo”. Después de constatar esto, me pregunto cómo fue que terminamos usándola como la usamos hoy en día.
Si intento preguntarme, desde una óptica de la literatura, qué significa esto, creo que debería responderme: esto es un juego. Como la Rayuela. O como armar un puzzle gigante. El desasosiego de Pessoa, lejos de desahuciarnos nos sumerge en un laberinto de sentidos cada vez. Interminable embrollo. Con sentidos exquisitos por cierto.


Las figuras literarias son otro ejemplo, otra manera de jugar. En las cien primeras páginas de Pessoa encontré, hasta ahora, tres distintos arreglos de figuras literarias: aquellas que abarcan un enunciado, las que abarcan un párrafo o más y cuyo entimema es una figura retórica, y las que implican una imagen. Me divierte mucho sumergirme en este desafío cada vez que leo o releo cada párrafo de Pessoa. Y si bien temo equivocarme, voy a compartir, a continuación, algunas fichas de este puzzle que se va armando para mí.

Para terminar, voy a dejarles un link. Es curioso advertir ahora que la oportunidad en que hablamos puntualmente de las Figuras Retóricas en nuestro blog fue para reflexionar sobre El Humor. En esa oportunidad tomamos prestadas las definiciones que proporciona el Diccionario enciclopédico de las ciencias del lenguaje, de Ducrot y Todorov. El libro del desasosiego es, a partir de ahora y hasta que alguien agregue algo distinto, la prueba de que todo texto en el que se produce humor tiene algún recurso literario pero, no necesariamente todo texto literario produce risa. http://languelengue.blogspot.com.uy/2013/09/elocutio.html

He elegido algunos fragmentos del Libro del desasosiego para proponerles un juego. La idea es que ustedes cuenten qué figuras retóricas ven en ellos. Algunas de las que yo veo son sinestesia, hipálage, y oxímoron… ¡A ver si me cuentan dónde las ven ustedes, también!

  • “En mi corazón hay una paz de angustia, y mi sosiego está hecho de resignación.” (3, pág. 19)
  • “Siento. Tengo frío de fiebre. Soy yo.” (67, pág. 81)
  • “Con lentitud, el pestañar azul blanco de una luciérnaga va sucediéndose a sí mismo. En torno a ella, oscuro, el campo es una gran ausencia de ruido que huele casi bien. La paz de todo duele y pesa. Un tedio informe me ahoga.” (50, pág. 59)
  • “Todo me cansa, incluso lo que no me cansa. Mi alegría es tan dolorosa como mi dolor.” (80, pág. 93)
  • “Una tristeza de crepúsculo, hecha de cansancios y de renuncias falsas, un tedio de sentir alguna cosa, un dolor como de un sollozo detenido o de una verdad conseguida. Se extiende por mi alma desatenta este paisaje de abdicaciones–bulevares de gestos abandonados, altos macizos de sueños ni siquiera bien soñados, inconsecuencias, como muros de boj separando caminos vacíos, suposiciones, como viejos tanques sin surtidor vivo, todo se enmaraña y se visualiza pobre en el desaliño triste de mis sensaciones confusas.” (47, pág. 57)
  • “Con estas reflexiones me consuelo, ya que no puedo consolarme con la vida. Y el símbolo se me funde con la realidad cuando, transeúnte de cuerpo y alma por estas calles bajas que van a dar al Tajo, veo los altos claros de la ciudad resplandecer, como la gloria ajena, con las luces diversas de un sol que ya ni siquiera está en su ocaso.” (73, pág. 87)
  • “Este mar es agua salada. Este ocaso es comenzar a faltar la luz del sol en esta latitud y longitud. Este niño, que juega delante de mí, es un montón intelectual de células–más aún, es una relojería de movimientos subatómicos, extraño conglomerado eléctrico de millones de sistemas solares en miniatura mínima.” (58, págs. 70-71)
  • “Crecen árboles, pero a su sombra hay bancos. En su alineación de cara a los cuatro costados de la ciudad, allí sólo plaza, los bancos son mayores y casi siempre tienen abundancia de poca gente.” (67, pág. 80)
  • “El aplauso llega hasta el cuarto piso donde vivo y choca con el mobiliario tosco de mi cuarto barato, con la ordinariez que me rodea y me humilla de la cocina al sueño.” (54, pág. 65)
“Soy como alguien que busca al azar, no sabiendo donde se ocultó
el objeto que nunca le dijeron lo que era. Jugamos al escondite con nadie.
Hay en algún sitio un subterfugio transcendente,
una divinidad fluida y solo oída.” (63, pág. 77)

Audio cuento: ¡Juicio, por favor!

por Guada, Serri y  Mayra


Fernando Pessoa nos ha mostrado, a través de sus poemas para niños, una faceta bien diferente a la del Libro del desasosiego. Hemos jugado y compartido con los lectores más jóvenes, a lo largo de todo este mes, muchas letras de diferentes colores. ¡Muchas gracias a todos los niños! Para epilogar este capítulo, queremos compartir un cuento de Mayra Nebril, interpretado por  ella misma junto a Guada, y Serri . ¡ A disfrutar!  




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