Hormigas contadas

1.

es negra, diminuta -¿o será la presbicia?- y se desplaza a una velocidad muy superior a la esperable, ondea entre la maceta del ficus y el extremo más lejano del diván; la sigue otra, a pocos centímetros, ¡otras!, dos, seis, nueve, en procesión, ¿hacia dónde?

fue un momento tremendo, de los peores del último tiempo, desapareció, sí, así de la nada, no sabía qué pensar, ni cuándo

suben por la pared color mostaza, se han acercado unas a otras, son una lombriz serpenteante, ¿tienen un destino?

no lo sé, es verdaderamente incierto, ¿acaso alguien se atrevería a afirmar tal o cual desenlace?, él habla por hablar, eso es sabido, no soporta las esperas

están sobre el cuero del diván, remontan la suela de la sandalia del pie derecho, una goma gruesa  antes de la piel, desaparecen bajo el arco pronunciado del empeine

¿cómo resolver?, ¿me lo saco de encima?, quisiera, claro, eso - la voz sacude los brazos y la pierna derecha, la pantorrilla tiembla con el esfuerzo, ¿volaron? – digo, fueeera, fueeera bicho, ¿y listo?, …no es así, no puedo hacerlo desaparecer, ¿o sí?

¿lo hizo sin saberlo?

Dejamos por acá. Te veo el viernes.

2.

¿movió el diván?... está más alejado de la pared, y éste árbol está mal, tiene demasiadas hojas secas, ¿está enfermo?... lo tiene desde que empecé a venir, ¿diez años?, sí, en marzo hizo una década, ¿cuánto vive un arbusto de éstos?, ¿averiguó?, nunca vi ni supe de una planta que muriera de vieja, pero debe de suceder, siempre llega el momento en que se termina …¿cómo nos daremos cuenta?, quizás ya esté acabada, pero hasta que no caiga la última hoja, ¡no lo sabremos!…. ¿qué va a hacer, usted, cuando ya no esté?, el consultorio va a quedar tan vacío sin ...va a sentirse un agujero raro, pero no me gustaría que traiga otro y lo ponga en el mismo lugar. – Hay tres hormigas trepando en fila por una pierna de su pantalón, las observa, las deja avanzar, cuando están a la altura de su abultada barriga les ofrece la mano, ellas trepan, con el dedo índice las aplasta una por una, tiene tres insectos muertos sobre la palma, exhibe los tres cadáveres, -¿los ofrenda?,- está viendo qué hacer con ellos, ¿está escrito?, no lo sabe, por eso decide, lanza los cuerpos a la tierra que abona la gran maceta. Todo dentro de la habitación permanece estático por un breve lapso de tiempo. ¿Muerto? - Quisiera irme ahora, ya fue suficiente, …al menos por hoy.

Estamos de acuerdo.

3.

¿en éste consultorio hay que soportar las hormigas?, ¿es algo terapéutico? …¡¿entendés que me picó?! Mirá, acá – la pierna sube y se dobla, qué flexible es, hay una roncha abultada en el empeine, - ¿no podés matarlas?, o ¿es que estás en contra de la muerte animal?, no me digas que sos de esas; soy alérgica, vos lo sabés, ¿entendés?... allá hay otra, caminan olímpicas por todas partes, tenés el consultorio invadido, ¿sabías?, no puedo creer que no digas nada, que no hagas nada, es insólito, una falta total de consideración para el que viene acá a hablar contigo

en el posa brazos del sillón de la que escucha también hay unos ejemplares atrevidos, ¿qué más podría hacer para eliminarlas?, cuántos bichos viviendo en ¿dónde?… deben vivir dentro del diván, detrás de los zócalos, en los libros abandonados, dentro de los ductos de electricidad, sí, salen de la tapa de la luz, ¿cuántas en un día?, cientos, me canso de contar, me pierdo, también me gusta escuchar lo que dicen los acostados

¿siempre hay que soportar algo?, ¿de eso se trata?, - se rasca el empeine y otra picadura junto al tobillo- mirá, la primera vez que vine, a decir verdad, me quedé por el ficus, … sabés que no quería analizarme, detestaba la idea de ir al psicólogo, pero cuando entré …me pareció un consultorio bosque, es toda una desproporción tener un árbol dentro de un espacio tan pequeño, ¿lo sabés?, me pareció que tenía algo de encantado el lugar y por ese motivo decidí empezar, seguí porque gustaba de estar acá…

 4.

¡cuántas muertes! – el piso brilla alrededor de la gran maceta, el ficus está transpirando una sustancia viscosa, o tal vez sea el nuevo pesticida que luego de un rato exhala esa pátina sobre la que se adhieren los cuerpos quietos- ¿está combatiendo las hormigas? - Sí. -Los venenos en polvo, son fuertes pero no son eficientes, causan irritación en la piel y en la garganta, - se levanta y abre la cortina para que circule más el aire, unas breves gotas mojan la pila de libros junto a la lámpara, los mueve, suspira, ¡está harta de las hormigas!- lo digo por usted, que está el día entero respirando este vaho. Si quiere exterminarlas… -Dígame. –El hombre se incorpora, se mueve hacia el extremo del diván donde se ven los insectos muertos; busca algún ejemplar vivo, en el día de hoy no es sencillo, … sobre el color mostaza se distingue una, se mueve lento, en zigzag.- No son hormigas, esto es una plaga de pulgón, ¿sabe la diferencia entre las hormigas y el pulgón? –Dígame. -El pulgón es un insecto que chupa la savia de las plantas y segrega este líquido que usted tiene acá en el piso, ¿ve este pegote? -. -Ahí tiene la evidencia innegable de que se trata de pulgón. … ¿Quiere que le diga cómo combatir el pulgón? –Dígame.- Hay pesticidas, por supuesto, pero un modo más natural es traer mariquitas. -¿Cómo dice? -Las mariquitas, ubica usted a ¿las mariquitas? -Se refiere ¿a los san Antonio? -Sí, sí, no sé porque dije mariquitas… no vaya a … será por mi hija, vio que en los dibujitosno sé qué más decirle…-Dígame…- pero el silencio se instala, la mujer quisiera que el hombre se enfoque en el pulgón, ¡una vez que encuentra un experto!, pero calla leal a su función; cada uno flota en sus imágenes, ¿sí?, en una de las cabezas, quince insectos a lunares recorren el tronco del ficus y sus hojas, exterminan la plaga, crecen de tanto comer pulgón, provocan un genocidio de pulgón, las supermariquitas se reproducen, son una centena, ¿y después?, qué tremendo el pavor de los finales; en la otra película, no voy a inventar nada, sólo trabajo con realidades, ficciono hechos verdaderos, pero no miento, ¡ella tampoco!, así que no tenemos manera de saber qué sucede en la cabeza del analizante experto en insectos, desde acá dentro no se ve nada

5.

¡qué rico olor! manzana, ¿manzana y canela? –Exacto- pusiste un perfumador, me gusta, siempre fui buena para los olores, los descifro con facilidad, cuando estaba embarazada ¡no sabés lo que era!, hay tantos … vivía haciendo arcadas, huele tan feo…
veintiún cadáveres sobre las cerámicas color beige, ¡qué efectividad el nuevo veneno!

el olor a guiso era el calvario, no sé por qué motivo, vomitaba, dejaba las tripas en el wáter; me dieron aquel remedio para las naúseas, ¿te acordás?… pero me gusta la comida de olla… -¿Qué estás pensando?- … ¿tenés un pañuelo?, lloro, ves, me pongo así, tan triste
¡una fila de hormigas rodeando la mesa de la lámpara y los pañuelos! Se están mudando, vienen para este extremo del consultorio, caminan más lento, están abombadas por… o es una expedición de reconocimiento. – Tomá, servite.

es como acá que hay otro olor debajo de la manzana y la canela, una acidez nauseabunda, un… olía tan mal mi casa en aquel tiempo, yo lo sentía, nadie más parecía notarlo, una cosa quería tapar la otra pero no sé … ¡qué asco! me estoy descomponiendo acostada en el diván, me voy a sentar, …gracias, sí, ahora sí corre una brisa linda
un cementerio sobre el piso, a dos baldosas de sus pies, murieron cincuenta más en media hora

qué distinto se ve todo, ya me siento mejor, gracias, es lindo mirarte…¿a qué olía tu casa? …a veneno; era… ¡qué sé yo! nos íbamos envenenando de a poco, comiendo el guiso y los rencores, en medio de un silencio educadito rascábamos la olla

6.

Hay tres venenos de alto calibre sobre la mesada de la kitchenette - contra hormigas y pulgón- en polvo, en spray, y líquido. Es el arsenal que usará antes de su licencia, para que dentro de quince días el exterminio sea un hecho.
Tiene la ventana bien abierta, mientras rocía con los guantes puestos, todo lo que la rodea. Pasa un paño de piso embebido. Unta el diván, pulveriza los sillones y almohadones, trapea la maceta,  las paredes, dispara dentro de las tapas de luz y del zócalo, separa los muebles para dar la vuelta envenenando el consultorio.

El aire es irrespirable.

Cierra la ventana, y la puerta de la habitación.
no creo que logre exterminarlas, ¿son inmortales?, ¡nada lo es!, ¡no van a sobrevivir!- suspira, mientras intuye a una legión de insectos al otro lado de la puerta, dispuestos a negociar zonas, estaciones del año, proponiendo incluso trabajar en favor de los análisis que se cometen en ese diván, darán pie a inquietudes, fobias, ascos, demandas, pero ella no cede


resopla mientras ordena los implementos de limpieza, se le transparenta el cansancio en los hombros y en el fruncido de la frente, se lava las manos con paciencia, deja correr el agua un buen rato, hasta que ya no se siente el aroma del veneno ni del perfumador, un pensamiento le endereza la espalda, le abre los ojos, la hace suspirar: sin hormigas, ¿con qué contaré?

Mayra Nebril

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